La posibilidad de una suma fija fue alimentada desde el principio por Cristina de Kirchner. La vice hizo saber que las paritarias son una herramienta eficiente para apenas algunos sindicatos con capacidad de actualización de salarios por encima de la dinámica inflacionaria, pero insuficiente para otros que tienen representatividad sobre trabajadores de rubros menos dinámicos de la economía. El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, en cambio, se alineó a los “gordos” y a los “independientes” en el rechazo a esa herramienta. Massa, por su parte, trabajó en el arranque de su gestión sobre el planteo de Cristina hasta que la CGT le transmitió su negativa.
La postura oficial en contra de un aumento generalizado comenzó a ceder días atrás cuando se informó que la inflación de agosto se había situado en 7 por ciento y la expectativa anual de las consultoras relevadas por el Banco Central se acercaba al 100 por ciento.