Alberto Fernández está desencajado. Nunca se vio un Presidente tan fuera de su eje. No tiene idea lo que pasa más allá de la Quinta de Olivos, donde se recluye en su minúsculo círculo íntimo.
Está tan fuera de foco que esta semana se puso a intentar atajar penales en la costa mientras los correntinos dan una de sus peleas más brutales. La ausencia del gobierno nacional se notó. No sólo porque el ministro de Ambiente Juan Cabandié intentó tirar la pelota fuera de la cancha deslindando la responsabilidad nacional, sino porque el mandatario brasilero Jair Bolsonaro envió ayuda a Corrientes.
El gobernador correntino Gustavo Valdés solicitó colaboración al embajador de Estados Unidos en la Argentina, Marc Stanley. En definitiva, desde el exterior están más preocupados por lo que pasa en Corrientes que el gobierno nacional. Párrafo aparte el papelón del ministro de Seguridad de Buenos Aires, Sergio Berni, que fue a sobrevolar el área incendiada y no se olvidó de llevar tres fotógrafos y dos camarógrafos para que inmortalizaran ese momento.
Alberto Fernández defraudó hasta quienes confiaron en su supuesto estilo moderado. Casi toda su vida transcurrió en despachos gubernamentales. Se suponía que conocía como nadie el manejo del Estado. Como pasó históricamente, se esperaba que una vez en el poder, Alberto Fernández tomara el protagonismo y se emancipara de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Pero eso no ocurrió y las decisiones parecen salir más del Instituto Patria que de la Quinta de Olivos. Otra decepción más.
El sindicalismo argentino y los gobernadores ya buscan perfilar a otro dirigente que garantice la continuidad en el poder más allá de 2023. Alberto Fernández dilapidó el capital político en menos de dos años. Seguramente se lo recordará como el peor presidente de la historia.
Fuente: El Federal