Mar. Jun 2nd, 2026

San Miguel de Tucumán cumple hoy 338 años.  El 29 de septiembre de 1685 la ciudad vieja, fundada 120 años antes en Ibatín, se trasladaba al actual emplazamiento, llamado por entonces La Toma, sobre las márgenes del Rio Salí.  Don Diego de Villarroel había fundado la primera ciudad, el 31 de mayo de 1565 en Ibatín, paraje ubicado sobre el río Pueblo Viejo en la salida sureste de la Quebrada del Portugués, en las cercanías de la actual Monteros. El gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna, luego de varias dilaciones anteriores resolvió el traslado, que se concretó el 29 de septiembre de 1685, día de San Miguel Arcángel, su santo patrono.  Habían encontrado la Nueva Tierra de Promisión, como bien lo señala el nombre completo dado por Villarroel a la ciudad.

Todavía se discuten las causas del traslado. Algunos lo atribuyen a problemas de salubridad, a los desbordes frecuentes del río, la mala calidad del agua, la cantidad de insectos y alimañas, pero lo cierto es que la ciudad, posta obligada de los viajeros entre el Río de la Plata y el Alto Perú, fue quedando marginada del camino que unía ambos destinos; la ruta se había desplazado al oriente para evitar los frecuentes ataques de los calchaquíes. Este cambio de recorrido provocó que la ciudad fuera decayendo paulatinamente y que los vecinos solicitaran su desplazamiento.

Lo más significativo del hecho que hoy celebramos, es la decisión y el coraje de nuestros antepasados, de abandonar lo viejo para iniciar una nueva vida, en lo incierto, lo desconocido. No resulta fácil para nadie dejar sus viviendas, sus tierras de cultivo, su habitual forma de vida, para emprender un futuro ignoto.


Ibatín duró 120 años, la nueva ciudad, lleva ya 338, y también muestra problemas graves. La vida en ella ha dejado de tener la calidad de antaño. Hoy exhibe un centro colapsado de vehículos y de peatones; en las horas picos, como a las salidas de los colegios, es imposible circular; caminar por las veredas (que tienen esa finalidad específica) resulta una tarea imposible, porque presentan todo tipo de obstáculos, roturas, mesas, sillas y bancos de bares y restaurantes se han adueñado de ellas en muchos casos avanzando sobre la calzada, con permiso de la municipalidad.

Del estacionamiento público, la Municipalidad se ha olvidado, solo se preserva el reservado para los funcionarios. Los ruidos molestos proliferan, y cualquier desfachatado cercena un árbol con total impunidad.  Los inspectores se dedican más a coimear, que a ordenar y controlar.  Y la limpieza brilla por su ausencia, la suciedad de la ciudad impacto a todos los visitantes.

Se continúa en la absurda política de saturar el centro de oficinas públicas y se construye un gran edificio para la Legislatura en un sitio inadecuado, del nuevo centro administrativo en el acceso Norte, una promesa inicial de Manzur, ya nadie habla. Resulta vital un nuevo centro administrativo que centralice todos los organismos del Estado.

Deberíamos apelar al pasado para tomar sus ejemplos. Como éste, de nuestros primeros ancestros, que no titubearon dejar atrás lo viejo para encarar el futuro. Sabían que debían abandonar un lugar que ya no era útil, ni agradable y lo hicieron. Muchos años más tarde, otros tucumanos, decididos y corajudos como aquellos vecinos de Ibatín, compelieron al Gral. Belgrano a que los conduzca en una batalla trascendental, que selló para siempre la libertad de los argentinos; volvimos a dar el ejemplo.   Pero hoy, pareciera que no tenemos ni los mismos genes ni la misma sangre, “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”  lamentablemente.  Y Ud. amigo que me escucha, sabe a que me estoy refiriendo.