Anoche se realizó el primer debate presidencial 2023 en la ciudad de Santiago del Estero. El próximo domingo tendrá lugar el segundo encuentro en la Facultad de Derecho de la CABA.
Los debates conforme a lo que estipula la Ley 27337, son obligatorios. Y en caso de que la elección presidencial se decida a través del procedimiento de ballotage, la ley dispone que se realizará un debate adicional, dentro de los diez (10) días anteriores a la fecha de la elección.
El debate de anoche había generado grandes expectativas, no solo para saber de labios de los protagonistas sus propuestas, sino también para observarlos con detenimiento, ver sus gestos, analizar sus reacciones y reconocer sus lenguajes corporales. Tanta expectativa se tradujo en las cifras del rating televisivo que, sumadas las señales de los canales abiertos y de cable, superó las cifras del mundial de fútbol.
Es imposible determinar quiénes ganaron y quiénes perdieron, porque los contenidos, las formas y los gestos pueden caer bien en unos y mal en otros. Y bien sabemos que estos debates, si bien son herramientas útiles para la democracia, no definen una elección.

Las encuestas que se hicieron luego del debate dan como ganador a Milei, seguido por Bullrich y Sergio Massa. Indudablemente son los tres candidatos que están intentando cabeza a cabeza ganar la elección o como mínimo ingresar al ballotage.
Desde un comienzo quedó evidenciado que los cinco cuidaban de no perder y así buscaron no cometer errores, pero de esta manera tampoco ninguno logró un golpe de efecto para quedar como claro ganador.
El formato del debate le quitó bastante espontaneidad. Massa buscó despegarse de sus actuales funciones de ministro de economía y virtual presidente, aun cuando pidió disculpas por los “dolores” que le provocó el actual gobierno a los argentinos. Sin pudor alguno se mostró como el iniciador de una nueva etapa de unidad nacional. Poco se habló del affaire Insaurralde o del escándalo “Chocolate”.
Milei, volvió a mostrar su capacidad histriónica, aguantó las críticas y volvió sobre el tema de la “casta”, hablando de economía, su materia, se desenvolvió bien. En un momento Massa lo instó a pedir perdón por haber ofendido al Papa Francisco. El libertario, con toda calma dijo que ya lo había hecho, y devolvió al ministro-candidato: “Dejá de chicanear y bajá la inflación”.
Patricia Bullrich que ocupó el atril del centro, tuvo un buen desempeño, aunque en principio pareció algo nerviosa. Atacó tanto a Milei como a Massa, sus dos rivales para llegar al ballotage. «Massa es el presidente en funciones, su gestión es un desastre, y Milei está solo, transa con la política».

Schiaretti habló de lo que hizo su gobierno en Córdoba, tomándolo como ejemplo para llevarlo al plano nacional. Fue correcto en todo momento ni atacó ni fue atacado.
Por su parte, Miriam Bregman se dedicó a fustigar al Fondo Monetario, con un discurso anacrónico que mostró un ideario propio del Siglo pasado y que está obsoleto para los tiempos actuales. No obstante tuvo mucha participación y algunas salidas ingeniosas como cuando dijo: “Milei llega acá hablando de la casta. No es casta, pero se reúne con Barrionuevo. No es casta, pero le arma las listas Massa. No es casta, pero tiene una candidata a vicepresidenta que es de la casta militar. No es un león, es un gatito mimoso del poder económico»,
Las dudas que nos quedan son: ¿si éste y el debate del domingo próximo harán cambiar las intenciones de voto a muchos? Nos parece que no.
