Tras la tormenta política que implicó el triunfo de Javier Milei en las PASO, los candidatos que irán a las elecciones generales de octubre, formulan y reformulan sus estrategias.
Claro está que la agenda económica está muy presente, tanto en los postulantes como en los funcionarios que hoy administran la crisis. Massa en su doble rol de candidato y ministro viaja a Washington para conseguir los tan ansiados recursos que debe transferir el Fondo Monetario. Estos serán sin duda un fuerte alivio para la desvencijada economía que transitamos.
La devaluación del tipo de cambio oficial en un 22 % generó un alza generalizada de precios casi de inmediato, especialmente en los rubros atados a la importación. El tipo de cambio Blue se disparó y superó la barrera de los 800 pesos, pero luego se retrajo y quedó en 720. Este precio refleja la pérdida de confianza en el gobierno. Y no hay dudas de que ante un presidente ausente, una vice alejada y un ministro que perdió las elecciones resulta enteramente lógica esta pérdida de confianza.

Las empresas aceptaron, no muy persuadidas, al pedido de contener los aumentos en 5% por mes, por los próximos 90 días. Pero tanto las empresas como los funcionarios están convencidos de que los acuerdos sólo podrán mantenerse en grandes cadenas de comercialización, como los supermercados, pero que no hay garantías de lo que suceda en almacenes y proveedurías de barrio o supermercados chinos.
Los ya candidatos a la presidencia recorren los canales televisivos insistiendo en sus propuestas. Javier Milei plantea eliminar el Banco Central, dolarizar la economía, liberar los cepos cambiarios y eliminar las retenciones a las exportaciones. También busca “generar un mercado de capitales activo” y realizar “un ajuste más duro que el del Fondo”.
Por su parte la candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich propone frenar la inflación con equilibrio fiscal, reduciendo fuertemente el gasto público para contener la emisión. Además, propone recuperar el “prestigio” del Banco Central, realizar una salida “rápida” del cepo cambiario e ir a un sistema de incentivos para que fluya nuevamente un mercado de capitales en dólares.
Sergio Massa, atrapado entre lo que promete y lo que actualmente hace, plantea
lograr superávit comercial en base a exportaciones, fundamentalmente enfocado en Vaca Muerta, el sector minero con el litio y el agro. Además, apunta a pagar la deuda con el FMI y «recomponer el ingreso de los trabajadores» con bonos de suma fija y paritaria.

La estrella de este periodo pospaso, es sin duda Milei, quien maneja la agenda pública. Conforme al teorema de Baglini [i], el ya candidato modera su discurso ante la cercanía del poder. Ahora dice que su expresión de “quemar el Banco Central” es apenas una metáfora, que sólo quiere que deje de financiar al Tesoro, que el recorte fiscal de 15 puntos del PBI será en principio de 5 puntos -sobre todo en obra pública y gastos discrecionales, y que no tocará planes sociales ni empleos estatales.
Los economistas que lo rodean son personalidades de prestigio como Roque Fernández, Carlos Rodríguez, Alberto Benegas Lynch (h), Diana Mondino y el ideólogo de la dolarización Emilio Ocampo.
