Sáb. Abr 18th, 2026

¿Está preparada o al menos dispuesta nuestra sociedad para hacer un gran cambio cultural? Porque las propuestas del precandidato más votado en las PASO implican un giro de 180 grados en relación con lo que actualmente ocurre en nuestro país.

Claro está que no solo las propuestas extremas de Javier Milei van en un sentido lineal, sino también las de Patricia Bullrich y sus equipos, cuyo espacio ocupó el segundo lugar en las primarias.

Muchos años de populismo han degradado los valores que hicieron grande a Argentina. De aquellos ancestros que vinieron a poblar el país, a labrar su tierra, criar animales, ejercer un oficio, ofrecernos parte de su cultura, a brindarnos su ingenio, con gran capacidad de trabajo y escasos reclamos de bienestar, nada queda. El populismo ha creado una sociedad dependiente del Estado, una sociedad facilista y holgazana.

En su obra “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina” Alberdi ya planteaba este dilema, afirmaba nuestro ilustre comprovinciano: “El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de los cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo”.

Sin duda que en ciertos momentos y para determinados sectores sociales, la ayuda del Estado es necesaria. Pero si esta ayuda se mantiene por mucho tiempo y anula la capacidad de trabajo de quienes la reciben, es altamente nociva. La mala política ha llevado a hacer creer que se puede vivir esperando todo del Estado, sin esfuerzo propio, sin producción de riquezas, y así reina la holgazanería en enormes sectores que hoy representan una rémora.

Esta forma de ociosidad del que el gobernante o político de turno aprovecha, nos ha llevado a un alto grado de clientelismo político, de compra de votos y de prebendas de todo orden.

Según el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales hay 182 programas sociales vigentes, esto significa que unas 25 millones de personas reciben ayuda estatal. Nuestro país siempre que presenta una dificultad ya sea social o económica, recurre a los planes sociales como puerta de escape.[i]

Esta cultura de la pereza y la vagancia ha contagiado a nuestros niños y jóvenes, que pasan de grado o de curso sin estudiar y llegan al extremo de egresar de la escuela primaria sin saber leer o en otros casos sin entender lo que se lee.

Volver a la cultura del trabajo, del esfuerzo, de la aplicación, del estudio, de la laboriosidad será una tarea muy ardua, pero más que necesaria, indispensable para sacar a nuestra Argentina de la pobreza y de sus repetitivas crisis.

La sociedad argentina debe protagonizar ahora una verdadera revolución cultural, entender que la pobreza solo se resuelve con trabajo y esfuerzo. De nada sirve que la riqueza esté en nuestros campos, en nuestro subsuelo, en nuestras fábricas, si no la explotamos. Como nos exhortara José Ortega y Gasset 8 décadas atrás, digamos, Argentinos a las cosas[ii]