Repetidas veces hemos reflexionado sobre la mentira, sin embargo, todo lo que podamos decir sobre ella resulta exiguo frente a los efectos nefastos que este pecado, vicio o inmoralidad genera en una sociedad. Y cuando es el mismo Estado el que la utiliza desvergonzadamente, el problema es extremadamente grave.

Goebbels era hijo de un empleado fabril y formado en el seno de una familia católica. Gracias a becas estudió en ocho universidades Bonn, Friburgo, Wartburg, Colonia, Fráncfort, Múnich, Berlín y Heidelberg, obteniendo el doctorado en ésta última en 1921.
Participó activamente en la organización y cimentación del nazismo; en 1928 se convirtió en Jefe de Propaganda del partido y fue uno de los artífices de la llegada de Hitler al poder en 1933. Ese mismo año fue designado ministro de Propaganda, cargo que retuvo hasta su muerte.

En 1944 se convirtió en “Plenipotenciario del Reich para la Guerra total”. para la que requería del máximo esfuerzo de los ciudadanos. Intentó elevar la moral del ejército y del resto de la población civil mediante la publicación de informaciones que hablaban de la posesión de armas secretas que podrían ayudar a conseguir la victoria en la guerra.
Estuvo siempre al lado de Hitler, que le nombró Canciller en su testamento. El 1 de mayo de 1945 fue el único jerarca del régimen que se quedó con Hitler en el bunker de Berlín. Allí se suicidó junto con su esposa y sus seis hijos el 3 de mayo de 1945, cuando los rusos entraban en la capital alemana.

Goebbels, a través de la propaganda, divinizó la figura del Führer y promovió el odio al capitalismo, al comunismo al sionismo y a todo lo extranjero. Fue el responsable de los ataques nazis a las comunidades católicas y judías.
Su personalidad era cínica, impulsiva, frenética y dominante. Era un manipulador nato que disfrutaba del protagonismo. Su frase más conocida que según él, la había tomado de los judíos, era: Una mentira mil veces repetida…se transforma en verdad.

En el contexto actual de la Argentina, también se miente, y mucho. La utilizan con frecuencia los más altos funcionarios y la mayoría de los políticos. Pretenden hacernos creer una sarta de mentiras; pero a diferencia de Goebbels que tenía cierta ductilidad, aquí se insiste en mentiras que todo el mundo reconoce como tales.
Y en tal sentido repetimos una frase tomada de un artículo del diario La Nación publicado bastante tiempo atrás, firmado por Daniel Pliner:[i] Mentir, siempre mentimos, (…). Mentimos para sobrevivir, mentimos para vender, mentimos por convicción, mentimos por conveniencia económica. La novedad es que ahora no nos creen.
