En un duro documento, afirma que el pueblo sufre “el agobio del desencanto, las promesas incumplidas y los sueños rotos”. Al mismo tiempo advierte que “la bronca y el desencanto no son buenos consejeros” y reclama a los gobernantes y a los dirigentes en general “la grandeza de pensar en el sufrimiento de muchos, más que en los intereses mezquinos” y que “se sienten a escucharse y a discutir con respeto hasta encontrar puntos en común”. “Ansía -puntualizan– caminar hacia un proyecto estratégico de desarrollo, que abra un horizonte de esperanza, dignidad, paz social, trabajo y prosperidad, privilegiando a los tirados al borde del camino”.
El plenario de un centenar de obispos reunidos en Pilar, emitió este documento, en momentos de una fuerte corrida cambiaria, el incremento de la inflación y una creciente inseguridad que pone en vilo a toda la sociedad. Pero la Iglesia también advierte las disputas en el seno del oficialismo gobernante y los cruces de este con la oposición en tiempos preelectorales.
Los prelados titularon al documento: “A 40 años de la recuperación de la democracia renovamos la esperanza”. Es que observan lo que todos advertimos, una sociedad cada día menos esperanzada. Es así que formulan un llamado a la dirigencia para estar a la altura de las circunstancias y a la población a confiar en la democracia.
“Se hace sentir cada vez más la pérdida de los valores que sostenían la vida familiar y social”, señalan. Y agregan: “Nos duele en el alma la deserción de los chicos del colegio, las aulas reemplazadas por una esquina o un rincón peligroso a la vista de madres impotentes. Volvemos a olvidar que la mejor política de seguridad es la educación”.
Aclaran que no pretenden “ser expertos en diagnósticos, sólo recogemos el lamento y las lágrimas de la gente que nos encontramos en nuestros pueblos y barrios”. Y tras interrogarse “¿qué hicimos de nuestra patria?”, afirman que “a cuarenta años de la recuperación de la democracia vemos con dolor cuanto desaprovechamos las posibilidades que teníamos de construir una Argentina pujante y feliz”.
Señalan que “de ésta no zafa nadie” y citan al Papa Francisco: “Seamos parte activa en la rehabilitación y auxilio de las sociedades heridas… Es posible empezar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local hasta el último rincón de la patria…” (Fratelli Tutti 77-78). “Nos inspiran muchos que ya lo están haciendo”.
Y los obispos terminan con una invocación“Con todo cariño pedimos al Señor que bendiga nuestra patria y a la Virgen de Luján que no nos suelte de la mano”.