Lun. May 4th, 2026

La semana santa estuvo signada por el asesinato del colectivero Daniel Barrientos en la Matanza. Un hecho muy penoso que enluta a una familia y pone en alerta a toda la sociedad. Daniel tenía 65 años, trabajaba como colectivero desde 1991 y estaba a un mes de jubilarse. Sus compañeros lo llamaban «Capitán» y lo recordaron como un hombre «ejemplar», que estaba «siempre de buen humor». La esposa de Daniel falleció hace seis meses y juntos tenían un hijo de 14 años.

Varias líneas de colectivo pararon en reclamo de Justicia, paro que en pocas horas se extendió a cerca de 100 líneas que circulan por el Conurbano y la CABA.

 

El ministro de seguridad bonaerense Sergio Berni, con su característico protagonismo, tuvo la tan absurda como mala idea de presentarse en la principal protesta de los colectiveros, descendiendo de su helicóptero en la Avda. General Paz donde se cruza con la ruta 3, intentando dialogar con los enfurecidos choferes.

 

Los manifestantes comenzaron a cercar a Berni, lo golpearon y tiraron piedras. Después de momentos muy tensos, la Policía de la ciudad logró evacuar al funcionario protegiéndolo del colérico ataque. Todo esto pudo verse en vivo y en directo por las cámaras de televisión que transmitían el episodio. Berni en lugar de agradecer su rescate ante una situación muy grave, manifestó que la policía de la ciudad lo había secuestrado. Pero no conforme con esto acusó a la oposición de haberle “tirado un muerto” exhibiendo una total falta de respeto por Daniel Barrientos, su familia y por los compañeros del trabajador asesinado.  

Después se ensañó con los colectiveros señalados como los agresores, fueron aprendidos de una manera violenta respondiendo a una orden de la Justicia de la Capital. Ante las criticas por el procedimiento, ya que se trataba de dos trabajadores, no dos asesinos, ni ladrones, ni narcos, Berni dijo que fue un operativo conjunto entre la bonaerense y la policía de la ciudad. No dijo que del operativo solo participaron dos policías capitalinos al solo fin de identificar a los detenidos.

Kicillof salió a apoyar a su ministro y sembró dudas sobre el móvil del asesinato del chofer. Para el gobernador bonaerense el accionar de los delincuentes amerita que el caso sea “investigado a fondo por las Justicia”. “Esto no parece el robo de un colectivo. Es muy raro”, alegó. Y dijo tener presentes ciertas “incoherencias” que aparecieron en las últimas horas que tendrían vínculo con la líder del Pro, Patricia Bullrich: “Lo tengo que decir, unos días antes había estado Patricia Bullrich hablando de los colectivos”.

 

Ya nadie les cree nada. Bien sabemos que la devaluación de la palabra en el kirchnerismo está llegando a niveles siderales. ¿Quién escucha y cree a Alberto Fernández? o ¿a una Cristina condenada? Kicillof y Berni, al denunciar maniobras conspirativas, sin aportar ninguna prueba, también ingresan en el descreimiento de un gobierno que agoniza. Lo cierto es que el ataque a Berni, que de manera alguna justificamos, está mostrando el cansancio de una sociedad harta del desgobierno. Tiene que convivir con la inseguridad, con salarios devaluados, con una inflación galopante y con un gobierno sin timonel.

Lo peor es que a esta administración todavía le quedan varios meses para continuar cometiendo disparates y atrocidades.