Hoy, jueves, es el primer día del triduo pascual, la iglesia recuerda la última Cena de Jesús, el establecimiento de la Eucaristía y la institución del Sacerdocio. En todas las diócesis del Mundo Cristiano, los obispos y arzobispos presiden la Misa Crismal concelebrada con su presbiterio. También lo hará el Papa Francisco en Roma, en una ceremonia que seguramente será transmitida repetidamente por televisión. Resulta muy significativo el lavado de los pies, que recuerda el gesto de Jesús con sus apóstoles.

Luego se habilita el Santo Sepulcro para las visitas, los fieles recorren siete templos para meditar y rezar. También las visitas se hacen en el mismo templo cuando no hay otros cercanos. Esta devoción está muy arraigada en el pueblo católico y se la realiza en la noche del jueves y el viernes por la mañana.
El viernes es el día de la muerte del Redentor. No se celebran misas y se venera la Cruz; se reza el Vía Crucis y en muchas ciudades del mundo, incluida la nuestra, se organizan multitudinarias procesiones, es una jornada de recogimiento y de ayuno y de abstinencia de carne. El sábado es un día de espera, tampoco se celebran misas. El domingo, en cambio, será de Gloria, porque se celebra la Resurrección de Jesús tal como lo había prometido y que da sentido a toda su religión; es la festividad más importante del cristianismo, porque significa el triunfo de la vida sobre la muerte, es la fiesta de la renovación y de la esperanza.
Como dice San Pablo: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (Corintios 15:3-4).

Recordemos que los primeros cristianos, por ser judíos, celebraban la Pascua tomando la relación con Jesús como el Cordero de Dios (Agnus Dei), que quita los pecados del mundo. Los cristianos transformaron la celebración de la Pascua judía como fiesta de la resurrección de Jesús de Nazaret a partir del concilio de Nicea bajo Constantino. El concilio que reconoció que Cristo era Dios de Dios verdadero.
Desde entonces, se inició la separación entre el judaísmo y el cristianismo, produciéndose tergiversaciones que ocasionaron en distintos siglos y lugares, confrontaciones y persecuciones, creándose leyendas e imputaciones contra los judíos, en muchos casos absurdas.
Ya en pleno Siglo XXI las cosas han cambiado, las iglesias se toleran, se respetan y en cierta manera se muestran unidas, lo que debió ser siempre así, ya que todos creemos en un mismo y único Dios y tanto judíos como cristianos compartimos el antiguo testamento. Indudablemente mucho contribuyó al encuentro de las dos grandes religiones la histórica visita que realizó Juan Pablo II a la Sinagoga de Roma el 13 de abril de 1986, donde fue recibido por el Rabino Elio Toaff . El Papa Benedicto XVI, también visitó el Templo Mayor de los judíos de Roma, el domingo 17 de enero de 2010. El actual Papa Francisco, nuestro Cardenal Bergoglio, ha sido uno de los más activos impulsores del diálogo entre las religiones y muy especialmente con la judía, tanto es así que no solo realizó frecuentes visitas a las sinagogas, sino que forjó fuertes vínculos con rabinos del culto judío.

En febrero de 2013, antes de viajar a Roma para el cónclave de Cardenales que lo eligió Sumo Pontífice, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, dejo grabado un mensaje televisivo. Seguramente no supuso que sería justamente él el ungido. Dice en su mensaje Bergoglio: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Él la dio por nosotros. Por vos. Por mí. La recuperó. Y nos acompaña con su vida plena. Déjate acompañar por él. Te quiere. Pascua es Jesús vivo».
La resurrección de Cristo, que año tras año durante siglos, celebramos los cristianos, es el mayor símbolo de la renovación, del renacer, de una nueva vida espiritual, de esperanza y de fe. Dejémonos acompañar por Él, como nos propone a los argentinos el Santo Padre, y repito sus palabras: Pascua es Jesús vivo
MUY FELICES PASCUAS!!!