Un fallo de la Corte que pone las cosas en su lugar

Una auténtica democracia se fundamenta en el imperio de la ley. Tanto la Constitución y las leyes que emanan de ella, fijan los límites en el orden político. Nadie puede estar por encima de las leyes.

Ésto que debería ser bien entendido y cumplido a rajatablas, está hoy en un impasse tras el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que hizo lugar a un amparo promovido por los senadores Luis Juez y Humberto Schiavoni, contra la artimaña urdida por el oficialismo de dividir el bloque en dos, Frente Nacional y Popular, con 21 senadores, y Unidad Ciudadana, con 14. Siguiendo esa lógica, el Frente Nacional y Popular era la mayoría legislativa, la Unión Cívica Radical, la primera minoría y Unidad Ciudadana la segunda, respectivamente, desplazando al Pro.  La presidente del cuerpo, Cristina de Kirchner, conforme al artilugio, designó al senador Martín Doñate, de su propia riñonada en lugar de Luis Juez, designado por el Pro, para ocupar un sitial en el Consejo de la Magistratura.  

El fallo invalida esta jugada. Para la Corte, el tramposo mecanismo, que el kirchnerismo vivió como un triunfo, fue un “ardid” y una maniobra “manipulativa” que desnaturalizó “el fin constitucional de representación pluralista procurado por el constituyente y el legislador”.

Y en el fallo se advierte: “La realización de acciones que, con apariencia de legalidad, procuran la instrumentación de un artificio o artimaña para simular un hecho falso o disimular uno verdadero con ánimo de obtener un rédito o beneficio ilegítimo, recibe un enfático reproche en múltiples normas del ordenamiento jurídico argentino. Tal reproche se acentúa cuando el ardid o la manipulación procura lesionar la exigencia de representación política (en este caso, con relación a las minorías), aspecto de suma trascendencia para la forma de gobierno representativa adoptada por el texto constitucional argentino y, en definitiva, su ideario democrático” la Corte dice.

Sin duda que la Corte pone las cosas en su lugar. Y como el mismo fallo señala, no se trata de cuestionar decisiones legislativas sino de hacer revisar el cumplimiento de un aspecto no discrecional del proceso por el cual el Poder Legislativo participa en la conformación de un órgano constitucional del Poder Judicial como lo es el Consejo de la Magistratura.

El kirchnerismo ya anunció su rebeldía, el incumplimiento de un fallo de la Corte, por parte del Poder Legislativo, constituiría un alzamiento inadmisible de uno de los poderes del Estado, y a los múltiples males que hoy nos afligen se sumaría un conflicto de poderes que nos alejaría aún más del mundo. El ex diputado Héctor Recalde, recientemente elegido como consejero de la Magistratura en representación de los abogados, se muestra como un energúmeno en contra del fallo y habla de un juicio político a la Corte. Es una simple pero penosa amenaza, bien sabe él que el oficialismo no cuenta con los votos necesarios para avanzar en esta drástica medida.

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