Los peronistas de mi edad empezaron aplaudiendo la vuelta del General, se mataron para recibirlo y después mataron para echarlo. Instalaron el caos y la violencia para tumbar a Isabel, pero después condenaron el golpe contra Isabel.
Los peronistas de mi edad vivaron a Herminio cuando le prendió fuego al cajón de Alfonsin y al poco tiempo lo denostaron acusándolo de haber perdido las elecciones por su culpa.
Los peronistas de mi edad fueron verticalistas y luego renovadores.

Los peronistas de mi edad fueron cafieristas, menemistas, duhaldistas, saaistas, kirchneristas, cristinistas y massistas. Algunos sucesiva y otros simultáneamente.
Los peronistas de mi edad fueron estatistas contra Alfonsín, privatistas con Menem, nuevamente estatistas con Néstor y anduvieron siempre a la pesca a ver qué onda. Aplaudieron con el mismo entusiasmo la privatización y la estatización de YPF, eso sí, siempre cantando la marcha peronista «combatiendo al capital» y haciendo la V con las manos.
Los peronistas de mi edad aclamaron a Rodriguez Saa cuando anunció el no pago de la deuda y se rompieron las manos aplaudiendo a Néstor cuando anunció el pago total de la deuda.
Los peronistas de mi edad aplaudieron de pie el indulto de Menem a los genocidas porque había que pacificar la Argentina, y poco después abrazaban a las Madres de la Plaza porque la memoria de los montoneros y de los cuales muchos hoy están gobernando.
Los peronistas de mi edad escracharon, repudiaron y condenaron a los genocidas y luego pusieron a Milani al frente del ejército y lo defendieron con uñas y dientes.

Los peronistas de mi edad aplaudieron a rabiar a Cavallo y el 1 a 1 y después lo negaron como Judas.
Los peronistas de mi edad fueron librempresistas en los 90 y luego socialistas del siglo XXI. Según venga la mano tienen sexo diplomático con EEUU o con Irán, China, Cuba, Venezuela o Rusia, no le hacen asco a nada.
Los peronistas de mi edad se la pasaron burlándose de los zurditos, los imberbes de la plaza, hasta 2015, cuando vieron que podían perder el ballotage y salieron a mendigarle los votos al Partido Obrero.
Los peronistas de mi edad fueron los que en los 90 inventaron la escuela-shopping, los que importaron una reforma educativa que ya había fracasado en otros países y se burlaban de la carpa blanca.
Hoy los peronistas de mi edad se ponen un guardapolvo trucho y van a la Marcha por la Educación y cantan «vamos a volver».
Los peronistas de mi edad se ufanaban de ir a Miami y pedir «dame dos» y después maldijeron a todos los oligarcas que vacacionaban en el imperio.
Los peronistas de mi edad rechazan a las oligarquías terratenientes y latifundistas, pero defienden a un ex-empleado bancario que en 10 años compró tierras que equivalen a 13 veces la Capital Federal, o miran para otro lado cuando revolean bolsos en el convento, o cuentan dinero en La Rosadita.
Los peronistas de mi edad acusan a la Justicia de politizarse y de corromperse cuando algún fallo no le es favorable, pero crearon una facción partidaria llamada Justicia Legítima que presiona, extorsiona, parcializa y condiciona las sentencias.
Denuncian un supuesto partido judicial pero infectaron el poder judicial con jueces y fiscales afines para absolver a varios corruptos.
Los peronistas de mi edad reprochan la detención de Milagro Sala y la califican de presa política, pero callan y otorgan cuando el régimen de Venezuela encarcela a Leopoldo López.
Los peronistas de mi edad cuando se enteraron que Bergoglio era Papa lo acusaron de cómplice, colaboracionista y buchón del régimen militar y al poco tiempo hacían cola y se peleaban por ir al Vaticano a sacarse una foto con Él.
Los peronistas de mi edad, condenaron y reprobaron el helicóptero de Isabelita, se regocijaron con el de De La Rua y soñaron con el de Macri.
Los peronistas de mi edad vitoreaban a su abanderada que condenó a un viejo y lo trató de avaro porque le regaló u$$ 10 a su nieto, pero miraban para otro lado cuando el esposo abrazaba las cajas fuertes y sentía «extashhis» o a su hija le embargaban una caja de seguridad con 5 palos verdes.
Por: Exequiel Rodríguez- Autor desconocido