Camuflado como una misa por la paz, el kirchnerismo realizó un acto político partidario en la Basílica de Lujan. Lo más penoso fue que el Arzobispo de la Arquidiócesis Mercedes-Luján, Mons. Jorge Eduardo Scheinig, presidio el evento, acompañado de Mons. Gustavo Carrara, Obispo Auxiliar de Buenos Aires y Vicario Episcopal para la Pastoral en las Villas de Emergencia, y de algunos sacerdotes villeros.

Que se utilice la Basílica de Lujan, un lugar emblemático para la fe católica de los argentinos, y que el propio arzobispo sea el oficiante, es un bochorno para la iglesia de nuestra patria. Nadie razonablemente, podía interpretar que el acto sería efectivamente por la paz y la concordia, cuando justamente, desde el oficialismo, incluido presidente y ministros, venían lanzando furibundas diatribas contra la oposición, medios de prensa, periodistas y la justicia, acusando a todos ellos, de fomentar el odio a través de discursos y editoriales.
La invitación a la oposición fue rechazada por esta de inmediato, ante el evidente tinte político del evento y por la falta de sinceridad de la convocatoria, formulada por quienes hasta horas antes, la acusaban de ser una de las mentoras del ataque a la vicepresidenta.

Resulta muy extraño que Monseñor Scheinig, no haya advertido de la utilización por parte del kirchnerismo de su figura y de la Basílica. Engañar a la Iglesia no es tarea menor por la ancestral prudencia y experiencia que caracteriza a la iglesia. Sin embargo, al finalizar la misa, el arzobispo pidió perdón por el “malentendido” generado por este evento eclesial. “Me equivoqué, metí la pata, como decimos”. Se auto recriminó el prelado local por su burlada “inocencia”.

El kirchnerismo ha hecho de la mentira y del engaño un oficio. Sin embargo, la astucia y la insolencia que los caracteriza no debería ser utilizada para mancillar a uno de los símbolos del catolicismo criollo, el de mayor arraigo en la fe del pueblo argentino. “La Virgen de Luján es Inmaculada y cualquier mala intención lejos de mancharla a ella nos mancha a nosotros mismos”, aseguró el arzobispo. Sin duda que la misa kirchnerista no manchará a la virgen inmaculada, pero si a la iglesia argentina toda, por culpa de unos pocos sacerdotes desubicados, idiotas útiles, que no saben ver las reales intenciones de una banda de tránsfugas.