El intento de asesinato de la vicepresidenta y las acciones del oficialismo gobernante han profundizado aún más, la grieta que divide a los argentinos. A diferencia de la excelente reacción de todo el arco político opositor que de inmediato salió a repudiar el hecho y apoyar a Cristina, gran parte de la sociedad se manifestó a través de las redes sociales, con numerosos memes y textos, intentando demostrar que el atentado estuvo armado. Según lo expresado por Jorge Lanata en su programa “Periodismo para Todos”, el 62 % de los argentinos desconfía de la autenticidad del atentado. El mismo Lanata se refirió al titular de la cadena mundial CNN, «Vicepresidente argentina sobrevive a un aparente intento de asesinato», destacando la palabra “aparente”.

Del otro lado de la grieta también se utilizaron las redes sociales para despotricar contra la oposición, la justicia y el periodismo, atribuyéndoles responsabilidad por el ataque contra Cristina llevado a cabo por Sabag Montiel.
El presidente equivocó el camino, en lugar de aprovechar el lamentable intento de magnicidio para hacer una amplia convocatoria a la paz y a la reconciliación, lo que hubiera generado una reacción positiva, similar a la que movilizó a todo el país por la pandemia, volvió al discurso del odio. Alberto culpó a “los sectores de la oposición, los medios y la Justicia que siembran odio” ellos serían los autores intelectuales del ataque contra Cristina, los responsables auténticos. Calificó al atentado como el episodio más grave desde la restauración de la democracia. Se olvidó de los tres atentados que sufrió Alfonsín en 1986,1989 -ambos con explosivos- y en 1991, con balazos. En lugar de actuar conforme a momentos de gran tensión social y recuperar parte de su imagen, optó por el confrontamiento y conformar solo al cristinismo.

Su convocatoria a una reunión en Casa Rosada no incluyó a la oposición, y de ese encuentro salió un documento de neto corte faccioso que se leyó en el Acto en Plaza de Mayo. La DAIA se negó a firmar al considerarlo un “alegato partidario”. Luego sacó un comunicado donde expresa: “se deben eliminar los discursos y las acciones violentas desde todos los sectores de nuestra sociedad para garantizar el bienestar de la república y la democracia”
Advertimos la existencia del odio político y resulta muy preocupante que así sea, porque con odio no se construye nada; pero el odio más demostrativo es el que manifiestan los dirigentes afines al cristinismo. El ministro del interior, Wado De Pedro publicó en su cuenta en Twitter: “No es un loco suelto ni es un hecho aislado: son tres toneladas de editoriales en diarios, televisión y radios dándole lugar a los discursos violentos. Son los que sembraron un clima de odio y revancha, y hoy cosechamos este resultado: el intento de asesinato a @CFKargentina”

El secretario general de Camioneros y hombre fuerte de la Confederación General del Trabajo (CGT), Pablo Moyano, lanzó un crudo ataque contra la prensa, los empresarios, el campo y la Justicia. “Quieren voltear al Gobierno”, acusó el gremialista, hijo de Hugo Moyano,
Luis D Elia propone, “Se viene un tiempo de confrontación con la oligarquía y el imperio en todo el país. Esto no se resuelve con marchitas espasmódicas. Se resuelve con un plan de lucha racional, en el cual tengamos que tener permanencia en las calles”
El mismo día del ataque a su madre, Máximo Kirchner decía en Radio El Destape, “La oposición está viendo quién mata al primer peronista” Antes, Alberto en el programa a Dos Voces, pronunció sus polémicas palabras: “Realmente, ¿alentar la idea de que le puede pasar al fiscal Luciani lo que le pasó a Nisman? Lo que le pasó a Nisman es que se suicidó. Yo espero que no haga algo así el fiscal Luciani». Palabras tan inútiles como incorrectas que generan dudas.

Pacificar el país, cerrar la grieta y buscar soluciones para una economía que hace agua por todos lados es una tarea enorme, pero imprescindible realizarla. Respeto y tolerancia deben ser dos palabras sagradas en una democracia, y es necesario que así lo entiendan nuestros dirigentes. Además, hoy más que nunca se requiere trabajar para sacar al país del pozo en que está sumido. Decretando absurdos feriados, va también en sentido opuesto a lo que Argentina necesita.