Mié. Abr 22nd, 2026

Hoy se cumplen 172 años de la muerte del Libertador José de San Martín. Como sabemos, la recordación histórica se corrió para el lunes por razones turísticas, lo que no deja de ser malo en una Nación que necesita con urgencia recrear los actos patrióticos, fijar en la juventud los valores morales de nuestros próceres y nutrirnos todos del sentimiento de integridad y unidad, en un país que está cada día más quebrado y confundido.

Bien vale volver a relatar sintéticamente su biografía, San Martín nació  el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Corrientes, y era hijo del Capitán Juan de San Martín y de Gregoria Matorras, ambos oriundos de León, España.  En la madre patria siguió la carrera militar, alcanzando el grado de Tte. Cnl. de Caballería, por sus valiosos servicios en la guerra de la Independencia española.

En 1812 llega a Buenos Aires, organiza el regimiento de Granaderos a Caballo y contrae matrimonio con Remedios de Escalada. No vamos a ingresar en el siempre polémico análisis de las motivaciones que lo trajeron a su patria natal, pero más allá de toda elucubración, tuvo un rol protagónico en las luchas por la independencia de los pueblos hispanoamericanos.

En 1813 sale victorioso en el Combate de San Lorenzo -su única acción bélica en suelo argentino-, y es designado Jefe del Ejército auxiliar del Perú.  En 1814 se entrevista con Belgrano en la célebre Posta de Yatasto y, con la salud debilitada, se retira para reponerse, a nuestra ciudad San Miguel de Tucumán, para pasar luego a Córdoba. El Director Supremo, Gervasio Posadas, lo nombra Gobernador Intendente de Cuyo. Ya en Mendoza, reorganiza el Ejército de los Andes, que se instala en el campamento de El Plumerillo.

En enero de 1817 San Martín inicia el épico cruce de la cordillera con su Ejército y el 12 de febrero, triunfa en Chacabuco. A comienzos de 1818 se firma el Acta de Independencia de Chile y el 12 de febrero de ese año, la proclama en Santiago. Tras la derrota de Cancha Rayada, se libró una de las más importantes batallas de las luchas por la Independencia, la de Maipú, donde San Martín logra una gran victoria.

Luego de este triunfo, el Libertador viajó a Buenos Aires, para recabar apoyo a su plan de liberación continental; si bien fue recibido con todos los honores, no encontró buena disposición de ayudarlo. En el viaje de regreso a Chile, recibió órdenes de Buenos Aires de poner el Ejército de los Andes al servicio de la guerra contra los caudillos de la Banda Oriental y dejar de lado la operación del Perú.  San Martín no hizo caso de este mandato y, furioso, continuó su viaje.

Lima fue su próximo destino; el 20 de agosto de 1820, con una importante escuadra, San Martín parte desde Valparaíso rumbo a las costas del Perú. El 12 de julio de 1821 entra en Lima. Proclama y jura la Independencia y es designado Protector del Perú. Mientras tanto Bolívar, desde Colombia avanza hacia el Sur. En la aún indescifrable entrevista de Guayaquil, realizada a solas entre ambos libertadores, se sella el destino de nuestro prócer. Comunica al pueblo peruano que abandona la vida pública y se dirige a Valparaíso. Luego, el auto destierro, el duro y austero exilio en Francia, donde finalmente fallece en su casa, rodeado del afecto de su familia.

Con motivo del 59ª aniversario de la Batalla de Maipú, el 5 de abril de 1877, el presidente Nicolás Avellaneda exhortó a repatriar sus restos. En esa ocasión nuestro comprovinciano pronunció una de sus más célebres frases: «Los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir.»

Los gobernantes actuales, parecen ignorar la historia y sin vergüenza se muestran en las antípodas de los valores morales del Libertador. Es necesario regresar a las fuentes de nuestra nacionalidad y al ejemplo recibido de los prohombres que forjaron la patria para no perder la conciencia de nuestros destinos y sin duda, José de San Martín se destaca entre todos ellos.