Sáb. May 16th, 2026

La semana pasada se conoció el índice de inflación del mes de junio y nuevamente dio un guarismo superior al 5 % por lo que ya van cuatro meses consecutivos donde la inflación supera este nivel. La inflación interanual será del 64 %. Y lógicamente es un horizonte que asusta y una de las mayores preocupaciones de los argentinos. Además se espera que la inflación del mes de julio esté entre el 8 y el 10 %. En este nefasto escenario, las familias sumergidas en la pobreza han dejado de tener acceso a bienes básicos y muchos pasan hambre o se mal alimentan.

Lo peor es que el diagnóstico sobre su origen está errado, como lo expresa sin pudor Cristina, la jefa máxima de la coalición gobernante, para quien el déficit fiscal no genera inflación. Ningún funcionario que sepa economía elemental puede desconocer que la principal causa de esta descontrolada inflación es de raíz monetaria. Un festival de moneda espuria emitida para cubrir el déficit.

La irresponsable emisión que comienza en el año 2020, como consecuencia de la parálisis económica generada por la larga cuarentena dispuesta por el gobierno, está cobrando sus costos ahora. Nada en economía se puede hacer sin generar una reacción, es similar a un principio de la física de que toda acción genera una reacción.

El presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, afirmó recientemente que la aceleración de la inflación en la Argentina se debe al aumento de la cotización internacional de las commodities por la guerra en Ucrania y que ese aumento de los precios genera un conflicto en la distribución del ingreso [i].  Bueno, bueno, que el principal responsable de la política monetaria diga esto, es pura ingenuidad o malicia. Sin duda que el planeta está registrando un incremento de la inflación, un promedio de 5 o 6 puntos en Europa y en los EE. UU. está por encima del 9 %. Pero estos valores se miden para el año, mientras que en Argentina son mensuales. Una inflación del 9 % anual es gravísima para EE. UU., pero en nuestra economía podría llegar a igual valor, pero mensual.

Cristina, Pesce y otros funcionarios que se escudan en la inflación mundial, deberían llamarse a silencio, porque nuestra inflación es generada por nosotros mismos, no por factores exógenos. Es el uso arbitrario y desmedido de la máquina de producir billetes. Billetes que día a día pierden valor, tanto que el de mayor importe en circulación, 1000 pesos, equivale hoy en dólares libres a miseros 3 dólares con 50 céntimos.

Batakis enunció que ella es fiscalista y que cuidará el gasto, junto con otras medidas, sus ortodoxos enunciados debieron calmar a los mercados, pero no fue así; resulta evidente que no creyeron en sus palabras. Para aplicar una terapia que cure la enfermedad, debe haber un diagnóstico correcto. Más vale que los funcionarios lo entiendan y actúen en consecuencia.