Tremenda crisis la que estamos viviendo en nuestra querida Argentina. Una crisis muy compleja que se viene dando en el plano político, social y económico y que tiende a agravarse por la inacción del gobierno central. Es que el presidente muy debilitado, tanto por sus propios errores como por las exigencias de su jefa política, no atina a reaccionar y asumir sus responsabilidades constitucionales. En ese clima de zozobra, poco pueden hacer sus ministros para resolver o paliar la crisis.

Dentro de este clima sombrío, circulan rumores, que flaco favor le hacen a la estabilidad del enervado gobierno, un valor que todos, propios y ajenos debemos cuidar. Bien sabemos que Alberto reparte culpas sin ton ni son, casi sin pensar sus dichos, y culpa a la oposición de quererlo deprimir. La oposición está actuando con mucha moderación y prudencia. Lo que sin duda lo desestabiliza o deprime, es el cristinismo duro y la propia Cristina, que tira golpes y esconde la mano, y la ruptura irremediable de la coalición oficialista.

La inefable vocera presidencial Gabriela Cerruti tuvo, finalmente, que encarar el tema de la posible renuncia de Alberto. Dijo que la información sobre una salida anticipada del mandatario fue solo “rumores de la City” y se quejó con el periodismo. “No podemos instalar que existe la posibilidad de que el presidente renuncie”. Antes, el jueves posterior a la salida del ministro Martín Guzmán, la vocera le respondió muy enojada a la periodista Silvia Mercado acerca de una hipotética intención del presidente de dejar el gobierno “Esa pregunta no corresponde ni ser formulada, ni ser respondida”, dijo. Ciertamente que no incumbe a Cerruti, indicar al periodismo que se puede preguntar o no. De ninguna manera puede ella desde su rol de vocera oficial, censurar una pregunta cortésmente formulada.

Pero la debilidad del gobierno se manifiesta cotidianamente y esto nos aflige a todos, porque sin conducción toda embarcación naufraga y los problemas del país son muy graves, lo que llevaría a la Argentina a un naufragio que nadie quiere.
Un ejemplo es lo ocurrido ayer con la convocatoria de la ministra de Economía Silvina Batakis a los gobernadores en busca de apoyo político. Solo cinco mandatarios respondieron al llamado ministerial, ellos son los de Buenos Aires, Catamarca, Neuquén, Santiago del Estero y Tucumán. Antes, los gobernadores participaron de un acto en el Museo del Bicentenario, donde el presidente anunció la puesta en marcha de obras públicas previstas en el Plan Argentina Grande. Alberto estuvo acompañado por el ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, y el jefe de Gabinete, Juan Manzur. Dentro de las obras anunciadas, está la construcción de la autopista Tucumán, Termas de Rio Hondo. El gobernador Jaldo recordó desde Buenos Aires, que, a fines de la pasada semana, junto con Katopodis, participó del inicio de esas obras.
Pero fiel a su oscilante estilo, Alberto aprovechó el momento para cuestionar a los turistas que compran dólares, como si ellos fueran los responsables de la fuerte escalada de la moneda norteamericana en la última semana. Una vez más apeló a un absurdo antes que asumir su propio fracaso.
No es bueno insistir en enunciar la crisis, nos gustaría ser mucho más optimistas y dar noticias de que el gobierno va por buen camino, lamentablemente no vemos que ni Alberto, ni su Gabinete, asuman el complicado momento que vive el país. Ojalá que lo hagan y mejor, lo antes posible. El país entero apoyará medidas o un programa que lleven a resolver de manera efectiva los complejos problemas que nos afligen.