Hace tiempo que hemos ingresado en un círculo vicioso. El déficit fiscal, se lo cubre con aumento de impuestos y cuando este no alcanza, se acude a los préstamos, y cuando nadie nos quiere prestar, como estamos viendo hoy, el déficit se lo cubre con emisión. Una emisión de moneda espuria, que no tiene respaldo y que genera a su vez una inflación descontrolada como la que estamos soportando, la más alta de la región después de Venezuela y una de las más altas a nivel planetario.

La nueva ministra que se declara fiscalista debería fijar su mirada en los gastos superfluos e improductivos del Estado, que son muchos y es donde debería comenzar el ajuste. Uno de ellos es el festival de aeronaves que utilizan funcionarios y gobernadores para desplazarse. Es un costo enorme de inversión y mantenimiento, un gasto absolutamente innecesario, que se debe cortar de raíz. Que viajen en aviones de línea como el común de los mortales
Un gasto enorme, es el de las deficitarias empresas del Estado, que reciben aportes del Tesoro por 3.767 millones de dólares anuales, un monto equivalente al 0,7% del PBI (año 2021). Es dinero de nuestros impuestos malgastado.
En este rubro se destaca en primer lugar IEASA, que se encarga de la importación, de la compra y provisión de gas, la producción y comercialización de electricidad y de las obras de infraestructura del sector energético. Esta empresa tuvo en 2021, un resultado operativo negativo de U$S 1.057 millones. La razón principal del déficit es que importa energía al precio internacional y la vende al mercado local a un precio mucho menor.

En segundo lugar, se inscribe Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado (SOFSE), que opera el transporte ferroviario y perdió US $947 millones. Le sigue Aerolíneas Argentinas, que perdió US $835 millones o sea una pérdida diaria de 2 millones 288 mil dólares. A Aerolíneas Argentinas le siguen Aguas Argentinas, que perdió 341 millones de igual moneda y Correo Argentino que perdió US $230 millones.
El Estado nacional (sin contar las provincias) tiene 3,3 millones de empleados. 90.000 de esos, en las treinta y tres empresas públicas, y si bien no se advierte un crecimiento significativo de la planta de personal, tampoco un achicamiento, a pesar de que la mayoría es deficitaria.
Un dato significativo es que las empresas públicas con más empleados son manejadas por personas vinculadas a la Cámpora y a Cristina. Aunque corresponde aclarar que en el área transporte, a donde pertenece Ferrocarriles, tiene peso el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Los salarios de los 30.102 empleados representan el 65% del total de gastos operativos del holding ferroviario estatal. Las tarifas ferroviarias están fuertemente subsidiadas -se calcula que el costo del pasaje cubre menos del 10% del costo real por lo que el sistema ferroviario es altamente deficitario.

Proyectar una economía productiva, que no dependa del Estado, pero tampoco que el Estado la limite y le cargue costos extras, debería ser un objetivo cardinal de cualquier gobierno. Macri se equivocó y no encaró el cambio que las urnas esperaban de él, se limitó a administrar un Estado con todos los vicios y falencias de muchas décadas generadas por el populismo y no modificó nada.
El tema de las empresas del Estado debería ser prioritario para resolver el déficit fiscal, aunque también hay otros nichos que hay que resolver.