El máximo festejo patrio de nuestro calendario, como es el Día de la Declaración de Independencia, pasó sin mayores sobresaltos, y subrayamos la ausencia de incidentes o de momentos ríspidos entre el oficialismo y la oposición, que también adhirió a las celebraciones.
Sin duda que el mensaje del Arzobispo señala al punto más destacable de la jornada, ya que Monseñor Sánchez, Carlitos como gusta que le llamen, durante la homilía del solemne Te Deum, al que faltó el presidente, hizo un repaso de lo que la sociedad argentina reclama, dijo al comenzar su mensaje “Hoy celebramos un nuevo aniversario de nuestra independencia nacional, declarada en esta muy digna y benemérita ciudad de San Miguel de Tucumán el 9 de Julio de 1816″ y recordó que desde entonces “nos reunimos a orar por el país en la catedral de Tucumán y en las catedrales e iglesias de la Argentina para alabar a Dios y darle gracias por nuestra Patria”.

Monseñor Sánchez afirmó luego que en el país «hay hambre de diálogo y de encuentro» y exhortó a recuperar esos valores para «superar las divisiones y enfrentamientos»
“Hay hambre de justicia y dignidad, de respeto y cuidado de la vida en todas sus etapas. Hay hambre de paz social, de respeto a la Constitución y de democracia auténtica. Hay hambre de diálogo, de encuentro y participación para superar divisiones y enfrentamiento”, señaló el arzobispo, mientras el jefe de Gabinete Juan Manzur y el Gobernador en ejercicio Osvaldo Jaldo, escuchaban atentamente.
“Nuestros próceres, nuestros padres y nosotros soñamos con una Argentina mejor. Hagamos realidad este sueño con nuestro compromiso cotidiano de compartir lo que somos y tenemos”, concluyó el prelado católico.

Luego de los clásicos homenajes que se tributan a los proceres de 1816, en la Casa Histórica, el presidente brindó un discurso, que leyó íntegramente, lo que no suele ser su costumbre. Estaban presentes, además de los nombrados, el Titular de la Cámara Baja, Sergio Massa, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro y otros funcionarios cercanos a Alberto.
El presidente sostuvo que, a pesar de los vaticinios de “los profetas del odio”, hoy “la Argentina está de pie y camina aun cuando muchos quieran negarlo”. “Eso no significa que desconozca los problemas que tenemos. Debemos transitar el camino hacia el equilibrio fiscal y estabilizar la moneda. El crecimiento demanda divisas que hoy son escasas y eso hace más difícil la acumulación de reservas. La inflación que se despliega en todo el mundo daña más seriamente a nuestra economía, caracterizada por convivir con persistentes procesos inflacionarios”, señaló.

Alberto también alertó sobre aquellos que buscan, en momentos adversos, separar a los argentinos. “Lo hacen con rumores o falsas noticias que hacen circular en redes sociales o medios de comunicación”, aseguró. Y ante este escenario concluyó con un llamado a toda la ciudadanía: “Los convoco a no sucumbir ante el desánimo; a generar más espacios para el trabajo en unidad y solidaridad; a redoblar nuestro compromiso y nuestro esfuerzo para erradicar la pobreza extrema; a reconstruir el país que tuvimos, que se distinguía por el movimiento social ascendente con un Estado presente; a reducir todo tipo de desigualdades”
Una celebración austera, sin calor popular, extremadamente sobria, conforme a los difíciles momentos que transitamos todos los argentinos. Se pudo ver de cerca a un presidente que reaparece tras varios días sin agenda y a una semana de la intempestiva renuncia del ministro Martín Guzmán, la que provocó una fuerte conmoción en las bases mismas de la coalición gobernante.