La ministra de economía Silvina Batakis afirmó entender que el Estado debe cuidar del equilibrio fiscal, un axioma básico para cualquier economista. Si bien esta es una verdad digna de Don Perogrullo, la vicepresidenta expresa lo opuesto, entiende que el déficit fiscal no es importante y que no genera inflación. Su esposo Néstor que asumió la primera magistratura del país el 25 de mayo de 2003, sí lo entendía, y diariamente se informaba sobre tan delicado tema. Así lo relata Federico Sturzenegger, en su libro “Yo no me quiero ir”.
Silvina Batakis, no aclaró si el tan fundamental equilibrio fiscal, piensa lograrlo aumentando impuestos o reduciendo gastos. Acá reside la raíz del asunto. El nivel de carga fiscal es muy alto en nuestro país y se muestra como un imposible continuar aumentando impuestos. De hecho, la oposición de Juntos por el Cambio ya ha manifestado su negativa a crear nuevos o incrementar impuestos, a sabiendas de que solo un firme alivio fiscal permitirá recuperar una economía agobiada.

Sin embargo, el Estado exige ajustes al sector privado mientras él no lo practica. Muchos gastos que produce el Estado pueden ser suprimidos o disminuidos drásticamente. Un claro ejemplo son los aviones que usan los funcionarios, tanto nacionales como provinciales para desplazarse. Pudimos ver el martes en un encuentro de gobernadores del Norte en Formosa, un festival de aviones Lear Jet o similares, en los que viajaron los mandatarios a la capital de la provincia gobernada por Gildo Insfrán. El encuentro duró dos horas y media aproximadamente, pero el gasto en que incurrieron los funcionarios fue enorme y ninguno de los gobernadores y funcionarios que utilizaron los aviones mostró un poco de pudor por este privilegio de viajar en lujosos y modernos aviones jet. Estas aeronaves cumplen vuelos sanitarios cuando no están al servicio de los poderes ejecutivos provinciales. Se olvidan o no les importa que haya más de 40 % de pobres que no tienen acceso a productos y servicios básicos, y que haya muchos hambrientos que no tienen para un simple puchero en la actual Argentina.

El periodismo afirma que los aviones al servicio de los funcionarios sumarían unos 170, aproximadamente. Lo que sí es fácilmente verificable es conocer que la flota presidencial, al servicio exclusivo del presidente de la Nación, consta con tres helicópteros Sikorsky comprados por la administración Menem y un Boeing 737, a los que se suman dos Learjet 60 de la Fuerza Aérea Argentina. Tanto Alberto Fernández como su pareja Fabiola Yañez, y su mascota Dylan son pasajeros frecuentes de la flota.
La vicepresidenta también hace uso de estos aviones, no obstante que su cargo no la habilita a utilizar las aeronaves oficiales, salvo que esté reemplazando al presidente. Sin embargo, es habitual que disponga del Boeing presidencial que, por su tamaño, le garantiza mayor privacidad que los Learjet para trasladarse a Río Gallegos, con un costo de 12.000 dólares por tramo. La violación a la ley en la que incurre es doble: usa indebidamente las aeronaves y, además, lo hace por cuestiones particulares.[i]
Estos gastos que ofenden por su desvergüenza deberían ser eliminados. Los gobernadores no tienen coronita y corresponde que viajen en aviones de línea. Además, para reunirse a dialogar, las modernas tecnologías brindan muchas opciones. Voz e imagen se transmiten sin problema alguno a través de la internet. No es necesario un encuentro presencial. De esta manera, el Estado tiene posibilidades de hacer un enorme ahorro.
Pero no solo es innecesaria la compra y utilización de aviones, el Estado tiene muchos ítems donde se puede ahorrar, como en las empresas que le pertenecen y que en su gran mayoría son deficitarias y sostenidas por el Tesoro. En 2021 estas empresas recibieron un total de $393.535 millones en subsidios. Algo que también resulta tan insólito como paradójico.
Continuaremos con este tema, porque el Estado exige ajustes, pero él no está dispuesto a hacerlo.