Dom. May 31st, 2026

En un editorial anterior, donde proponíamos recuperar el país heredado de nuestros ancestros, decíamos “Muchos se preguntan si la Argentina es aún viable. Es indudable que en el contexto actual no, ningún país del planeta es viable cuando el 62% de sus habitantes, depende todos los meses de un cheque del Estado para sus gastos diarios, total o parcialmente.[i]”

Entonces proponíamos una “reformulación integral, volver a los principios de nuestra sabia Constitución, que felizmente mantiene plena vigencia, Claro está que debemos aceptar todos sus postulados y no solo los que nos convengan. Y en este sentido tenemos que dejar de lado el facilismo y asumir el esfuerzo y el trabajo productivo como regla social básica. Redimensionar el Estado, tanto el nacional como los provinciales y municipales, eliminando funciones y gastos superfluos, asegurando el equilibrio fiscal, y tomando como eje la austeridad. Eliminar injustos privilegios de la clase política. Volver a diseñar al país territorialmente y en este sentido es fundamental trasladar la capital al interior, como también, redimensionar a la provincia de Buenos Aires, a los fines de lograr un desarrollo armónico de provincias y regiones, tanto en lo político, como en lo económico y social. Reestructurar los sindicatos para que sirvan a los trabajadores y al país y no a los espurios intereses de personajes que se eternizan en sus cargos.  Regresar a las fuentes sarmientinas en materia educativa recuperando el respeto por maestros y profesores y evitar la alta deserción estudiantil actual. Reestructurar el sistema impositivo para fomentar el trabajo y la producción, eliminando impuestos distorsivos y la doble tributación. Darnos una moneda que cumpla con los requisitos para ser considerada una moneda”.[ii]

 

Estas son verdades que una gran mayoría de los argentinos bien las conocen. Hoy comenzaríamos a analizar uno de esos temas, la reformulación territorial de nuestra Argentina.

Reiteradamente hemos analizado en este espacio el necesario traslado de la Capital Federal. Buenos Aires, es una fabulosa ciudad, digna de figurar entre las mejores capitales del planeta, exuda poderío y riqueza; pero esta ciudad no se condice con un país con más de un 40 % de pobres y plagado de problemas. Las condiciones de vida del interior se ven deterioradas en relación proporcional a la distancia que la separa del obelisco porteño.

Resulta evidente que hay un país central, con epicentro en la ciudad y provincia de Buenos Aires y que abarca la pampa húmeda. Un país central que concentra hoy más de la mitad de la población del país, y un país periférico, donde sus habitantes se ven obligados a emigrar en busca de mejores horizontes y condiciones de vida. Hay un flujo constante desde las provincias hacia los grandes núcleos habitacionales del conurbano bonaerense. Al trabajador del interior profundo se le niega el acceso a los servicios y al confort del tercer milenio. Esta migración que viene sucediendo desde hace muchas décadas no se detiene y avanza.

 

Buenos Aires disfruta de museos, centros culturales y múltiples atractivos que son pagados con fondos del tesoro nacional. Además, concentra los servicios financieros y una gran parte de los comerciales. Las sedes principales de las FFAA están también en Buenos Aires, también las sedes sindicales, las de la Iglesia y la de los organismos públicos. De igual modo, las empresas del Estado y las casas centrales de las grandes empresas privadas. También las embajadas de países extranjeros. Dos aeropuertos que funcionan como ejes de un gran abanico, para todos los restantes del país. Los pasajeros del interior, necesariamente tiene que pasar por Ezeiza para tomar un vuelo al exterior, con la sola excepción de Córdoba que ahora tiene unos pocos vuelos internacionales. Es complejo enumerar la cantidad de oficinas públicas y privadas que se concentran en Buenos Aires. Y si a eso le sumamos que están allí las sedes de los tres poderes del Estado, podemos tomar nota de una de las causas principales de la ausencia de federalismo, Un federalismo tan declamado como negado en los hechos.[iii]