Separar la Chicha de la limonada (Martín Fierro y Maradona)

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Jorge Luis Borges, nuestro máximo referente literario, sentía gran admiración por el Martín Fierro, como obra literaria, al mismo tiempo que renegaba de las condiciones morales de su protagonista. Para Borges las dos obras cumbre de la literatura argentina son el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento y el Martín Fierro de José Hernández


Sin embargo, decía, “creo que, si hubiéramos resuelto que nuestra obra clásica fuera el Facundo, nuestra historia habría sido distinta. Creo que, razones literarias aparte, es una lástima que hayamos elegido el Martín Fierro como obra representativa. Porque ella no pudo haber ejercido una buena influencia sobre el país. (…) pensemos en lo triste de que nuestro héroe sea un desertor, un prófugo, un asesino y una especie de forajido sentimental, además, que, sin duda, no existió nunca”.

En ningún momento Borges sugiere demérito literario de la obra. Solo se está refiriendo a los atributos morales del personaje, jamás a las cualidades estéticas del poema.  Con palabras del mismo Borges “En la controversia que acabo de resumir, se confunde la virtud estética del poema con la virtud moral del protagonista, y se quiere que aquélla dependa de ésta. Disipada esa confusión, el debate se aclara.”

Hablando en un idioma popular latinoamericano, digamos que hay que separar la chicha de la limonada, Borges dejó muy claro que hay que separar la obra literaria de la moral del personaje.

Esto se me ocurre en relación con Diego Maradona que, desde su muerte, se le viene prodigando todo tipo de homenajes, no solo en los ámbitos del fútbol, espacio donde corresponde hacerlo, sino en las más variadas esferas. Se mezcla y se confunde su incomparable habilidad futbolera con su trayectoria como hombre.  Sin duda que Diego Maradona fue un prodigio del deporte del balompié, tuvo magia inolvidable como jugador y dentro de ese deporte, el más popular para los argentinos, nos brindó muchas alegrías. Pero transformarlo en un prócer inmaculado, como es nuestra costumbre calificar a nuestros próceres, implica un error que puede confundir a muchos jóvenes. Nuestra juventud necesita modelos que sean poseedores de altos valores morales y no de maravillosas piernas que permitan a quien las tiene, hacer prodigios deportivos.

En la última entrega de los Martín Fierro, ámbito propio del mundo audiovisual y no del deportivo, que reúne a gente del cine, la radio y la TV, se le brindó un homenaje al astro del fútbol. No digo que no se lo pueda brindar, pero tengamos cuidado de no mezclar chicha con limonada.

“Vamos a recordar al ídolo argentino más importante de todos los tiempos”, anunció Marley al frente de la gala de premiación “Nos llenó de felicidad adentro y afuera de la cancha. Nos hizo reír, gritar y hasta llorar…” “Cualquier homenaje parece insuficiente para una personalidad tan amada, hoy queremos recordarlo con toda nuestra admiración. Para vos, Diego”.  A mi entender son alabanzas que solo encuadran en lo deportivo. Valen para el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, pero son falsas en relación con el Maradona hombre.

Un hombre que no quiso reconocer a su hijo, Diego, durante años. Que se separó de su exesposa, Claudia Villafañe, y de sus dos hijas, Giannina y Dalma con roces continuos. Un hombre que fue denunciado por una exnovia por abuso doméstico. Que estuvo íntimamente relacionado con el crimen organizado. Fue un protegido de la Camorra napolitana y su cohorte de amigos mafiosos lo llevó a la adicción a las drogas, de las que nunca pudo apartarse.

Ante la muerte de Maradona, con evidente sentido oportunista, el gobierno nacional, declaró tres días de duelo nacional y su velatorio se hizo en la Casa Rosada.

Para muchos también, Maradona es un Dios al que idolatran, hasta hay una iglesia en su honor fundada en Rosario y que hoy está en muchos países. Y es cierto que con sus habilidades iluminó el fútbol y llevó a nuestra selección mayor a ganar una copa del mundo, pero fue un personaje ambivalente del que hay que reconocer sus méritos deportivos, pero al mismo tiempo saber de sus debilidades humanas para no mostrarlo como un modelo ejemplar para nuestros hijos.

Bajar del pedestal al ídolo, no es políticamente correcto y creo que esta nota molestará a muchos, pero las cosas hay que decirlas como se sienten. Sería muy malo que nuestra juventud aceptara al Maradona hombre como modelo a seguir.