Disparen contra el presidente continuación

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Ayer nos referíamos a las declaraciones de la vicepresidenta, Cristina de Kirchner y del secretario general de la Cámpora Andrés Cuervo Larroque, que agravaron el enfrentamiento interno dentro de la coalición gobernante. Lo de Cristina fue más grave, ya que cuestionó la legitimidad del presidente.

 

Según nuestro parecer, este estéril enfrentamiento conlleva intenciones destituyentes. El ministro de Seguridad Aníbal Fernández dijo desconocer si un sector del oficialismo quiere que el gobierno de Alberto Fernández termine en forma anticipada.  Con firmeza el ministro señaló que, si eso ocurre, cosa que no desea en lo más mínimo, “termina todo como el carajo».

Aníbal Fernández también se refirió a la reunión de Gabinete presidida por Juan Manzur. Allí, según el funcionario, “Cada uno de los ministros expuso su visión. Todos tenemos algo para contar y discutir con sectores que nos importan”, comentó. Y añadió: “Finalmente, el jefe de Gabinete Manzur, cerrando la reunión, dijo que cada uno tenía su responsabilidad otorgada por el presidente. Si uno tiene que llevar adelante una política y no está de acuerdo, si se quiere ir, que se vaya”. Hasta hoy ninguno renunció.

El mismo Manzur, en conferencia de prensa, luego de la reunión, intentando calmar aguas muy procelosas, sostuvo que la interna tiene que ver con «la dinámica propia» de la coalición de gobierno donde se expresan las diferencias de diversas formas.

Si las críticas se originaran en la oposición, se hablaría de intentos desestabilizantes o destituyentes, sin duda, pero se originan en el mismo oficialismo gobernante, como si la Vice y sus acólitos intentaran despegarse de Alberto.

 

Según el columnista del diario La Nación, Claudio Jacquelin, “el plan es doblegar a Fernández, manteniéndolo en el cargo bajo rendición incondicional, para que entregue la conducción económica y sumarla a los muchos resortes de poder y dinero que les cedió desde el primer día de gestión.”[i]

Cristina no ha sido como otros vices una figura secundaria del gobierno, es la principal protagonista. Fue ella la que convocó a Alberto para integrar la fórmula colocándose en el segundo lugar, fue ella la que instaló a su gente en puestos claves del gobierno, es ella la que impone la agenda del gobierno, es ella la que señala el rumbo en política exterior, fue ella la que logró la libertad de la mayoría de sus cómplices de la corrupción, fue ella la que ordenó expropiar Vicentin, fue ella la que creó la comisión Beraldi, su abogado personal, es ella la que intenta reformar la justicia, es ella la que quiere modificar la composición de la Corte, es ella la inventora del artilugio de dividir el bloque mayorista en el Senado para ganar un lugar en el Consejo de la Magistratura, es ella la que puso a Carlos Zanini, su hombre de confianza, como Procurador del Tesoro, fue ella la que impuso la vacuna rusa en contra de la de Pfizer, y fue ella la autora de las cartas públicas cuestionando y condicionando al presidente.

Por más que Cristina y sus sacristanes busquen despegarse del gobierno, las evidencias son muy claras, forman parte protagónica del gobierno que puede, a estas alturas, calificarse como el peor de la historia argentina.

Es inútil formularse acusaciones cruzadas, tanto Alberto como Cristina, son inseparables para el juicio de la historia, más la Vice que el Presi, ya que fue ella la que armó este engendro antinatural de una fórmula presidencial de la que hoy intenta renegar

 

La gravedad de la situación exige políticas de Estado negociadas que cuenten con el apoyo de todo el oficialismo y de la oposición.  Las discusiones de palacio solo demoran las soluciones urgentes que la sociedad argentina exige y necesita de sus dirigentes.
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