Un día Argentina vota a favor de expulsar a Rusia del Consejo de DDHH de las Naciones Unidas, y otro día se abstiene en la votación de la OEA que suspendió a Rusia como observador. En esta votación nuestro país quedó del lado del bloque minoritario, ya que una mayoría de 25 países apoyó la resolución que condena al régimen de Putin por el ataque militar. La resolución que suspende a Rusia, como observador, justifica la medida por el creciente número de muertos y desplazados, y la destrucción de la infraestructura civil en Ucrania.
¿De qué lado nos ponemos?, de un lado están EE. UU., Reino Unido y la Unión Europea, Del otro Rusia, China y aliados. Nos preguntamos, ¿podemos jugar el peligroso juego de mantener la neutralidad?
Con Europa y los EE. UU., es decir Occidente, nos une la historia, la cultura, la sangre, y vínculos que son muy largos y profundos. Con Rusia, China y sus aliados, los vínculos están marcados por las conveniencias económicas circunstanciales.
El zigzag del gobierno, cuando un día vota a favor y otro en contra, muestra que la grieta que se ha abierto dentro de la coalición oficialista se va ahondando. Por un lado, el pensamiento moderado del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, del embajador en la Unión Jorge Arguello, por el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa y algunos otros. En la posición opuesta está el cristinismo duro, el instituto Patria y todos aquellos trasnochados que se inspiran en los regímenes castrista de Cuba, el de Nicolas Maduro en Venezuela o el de Daniel Ortega en Nicaragua. Son los que observan la historia con un solo ojo, que ignoran las violaciones de los DDHH en los regímenes que admiran, que por principio odian a los EE. UU. y que están lejos de entender a las democracias republicanas.
Ojalá que el presidente Alberto Fernández, dejando de lado el zigzagueo, tome cartas en el asunto y resuelva con decisión colocar a nuestra Argentina del lado correcto. Seguramente la fuerza de las circunstancias lo obligarán a hacerlo.