A 40 años del inicio del Conflicto del Atlántico Sur, el país vive una jornada cargada de actos y homenajes a los veteranos y veteranas de Malvinas y en memoria de quienes dieron su vida. Al calor de esta fecha histórica, Ámbito recurrió a la palabra de cinco hombres y mujeres que fueron parte de la contienda desde distintos lugares, y que hoy, cuatro décadas después, comparten sus reflexiones, pensamientos y vivencias sobre los 74 días que tuvieron en vilo a la Argentina.
Fabio Santana, Alicia Reynoso, Pablo “Cruz” Carballo, Ramón Robles y Eduardo Munitz recuerdan el conflicto, analizan la relación actual de los Veteranos y Veteranas de Guerra de Malvinas (VGM) con la sociedad e invitan a practicar la memoria con el deseo de que algún día la bandera celeste y blanca vuelva a flamear en Puerto Argentino.
Fabio Santana
– Veterano de Guerra de Malvinas y cantante. Con 19 años, integró la Compañía de Ingenieros 10 de Pablo Podestá. Pasó los cuatro días finales del conflicto como prisionero de los británicos. En los últimos dos partidos que la Selección jugó como local, interpretó el Himno Nacional.
A los diez años de haber vuelto estaba muy enojado. Con la guerra, con Malvinas, con el Estado. Nos habían traído debajo de la alfombra y no habíamos tenido ninguna contención.
A los 20 años de la guerra, todavía seguía un poco enojado, pero no tanto. No hablaba de Malvinas: me había acostumbrado a que era preferible no hablar. ¿Para qué dar explicaciones?
A los 30 años el idilio empezó a mejorar. El amor de la gente y de los compañeros. Reencontrarme con gente que hacía muchos años que no veía hizo que empezara a hablar de Malvinas y que me diera cuenta de que cantando podía darles esperanza a los más jóvenes para que siguieran defendiendo la causa y nuestra soberanía, que de última es lo que más ansiamos.
Hoy, a los 40, la mochila está bastante liviana con respecto a las cosas feas de la guerra. Hoy tenemos un ida y vuelta maravilloso con la gente. Nos demuestra un amor y un respeto muy profundos, y a nosotros nos hace muy bien. Nunca vamos a pensar que está buena una guerra, porque en la guerra murieron mis compañeros, pero sí pensamos que si estuvimos allá, por algo estuvimos. Que la soberanía tiene que seguir siendo nuestro norte: un pueblo sin soberanía no es un pueblo completamente feliz.
Hoy sigo pensando que soy un orgulloso veterano de Malvinas, que tuvo el privilegio de defender a su bandera y a su Patria, y que tiene el respeto y el amor de la gente, el respeto y el amor de su familia y el respeto y el amor de sus camaradas.
Vamos por eso, por Malvinas. Finalmente por una historia de amor.
Alicia Reynoso
– Enfermera de la Fuerza Aérea Argentina y Veterana de Guerra de Malvinas. Estuvo apostada en el hospital reubicable de la FAA en Comodoro Rivadavia. Durante el conflicto, ella y sus camaradas atendieron a los heridos que eran evacuados de las Islas.
Las enfermeras de la Fuerza Aérea estamos una vez más conmemorando este 2 de Abril, pero es un 2 de Abril diferente: hemos recuperado los derechos que se nos habían quitado hace casi 40 años. La Justicia el año pasado nos vio, a pesar de que tantos años trataron de ocultarnos y silenciarnos.
Hoy estamos hablando de veteranos y veteranas, casi como hablábamos en el 82. Un solo idioma, todos juntos defendiendo la Patria, como habíamos jurado, sin divisiones y desde el lugar que nos tocara.
Así como en el año 1982, hoy la Argentina nos necesita unidos. Miremos e imitemos a estos patriotas del 82; mujeres y hombres que dijeron «sí» cuando la Patria nos llamó. Es la única manera en que vamos a poder recordar a esos 649 únicos héroes que están esperando que volvamos, pero ya no con una guerra, sino con la palabra y las leyes que nos corresponden.
Como dice la Madre Teresa, el único camino es la paz y el diálogo. No hay otra.
Pablo Carballo
– Piloto de caza, comodoro de la Fuerza Aérea Argentina (retirado) y Veterano de Guerra de Malvinas. Integró el Grupo 5 de la V Brigada Aérea. Fue condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate.
El Conflicto del Atlántico Sur es la continuación de la guerra por la libertad y por la integración territorial de la República Argentina que iniciaron nuestros héroes del 1800, como, primero que nadie, don Cornelio Saavedra. Después, José de San Martín, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.
Sabemos que los ingleses toman lo que necesitan, inventan un derecho soberano y el resto del mundo mira para el otro lado, aunque ahora todos estén preocupadísimos -la OTAN entre ellos- porque se ha invadido Ucrania. Es lógico que todo el mundo esté como está, pero cuando a nosotros nos invadieron en 1833 y cuando recuperamos lo nuestro y vinieron con 112 buques y 25 mil personas en 1982, la OTAN apoyó una invasión a un territorio soberano.
Mi reflexión es que el 2 de Abril es un día de orgullo, una página de gloria de la historia nacional. Era necesario hacerlo porque los ingleses querían hacer de las Islas Malvinas un territorio independiente, cuando en realidad iba a seguir siendo dependiente de Inglaterra. Lo iban a incorporar a Naciones Unidas, como ocurrió con Belice, y las íbamos a perder para siempre. Tal es así que ahora han reiniciado este proyecto de ser libres. Han sido recibidos por la locutora de CNN Carmen Arístegui un inglés y un kelper, que están recorriendo Latinoamérica. Lo triste no es que la recorran sino que los reciban. No se puede recibir a alguien que vive del dolor, el hambre y el sufrimiento ajeno.
Yo me siento pagado con el orgullo de haber podido pelear por mi Patria. Aparte de ese orgullo, cada vez que salgo a la calle alguien me detiene y me dice «¿usted es el comodoro Carballo? Solo le quería dar la mano». Con eso estoy más que pagado. Creo que la relación depende con quién sea: en nuestro país están los argentinos y los que viven acá. Si la relación es con los argentinos, en todo el país se está moviendo gente que está haciendo Patria. Está peleando por medios pacíficos para que no se apague la llama. Pero también están los que viven acá, que a veces, por falta de preocupación por su Patria, ni siquiera estudian o conocen. Inclusive pelean y defienden los derechos de los enemigos de la Patria.
La relación depende con quién sea, creo que el vínculo de los veteranos con los argentinos es buenísimo. El vínculo con quienes viven acá no es bueno.
Inglaterra invadió casi la mitad del mundo conocido para robar su honor, sus recursos e historia. De los 90 territorios les quedan 14. Eso quiere decir que es posible. Y si es posible, puede ocurrir como pasó con Francia, cuando una niña de 19 años, analfabeta, en una época en que la mujer era nada, los liberó de la bota inglesa de una forma totalmente incomprensible, si es que no se piensa en Dios. Ahora, si se ve la intervención de Dios en esto, se sabe la razón. Como Dios es justo, estoy seguro que algún día las Islas Malvinas volverán a ser argentinas aunque haya, por supuesto, que negociar.
Nosotros las amamos, son un pedazo de nuestra Patria. A ellos les interesa el petróleo, la pesca, la cría de ovejas. Las Islas son muy grandes: son más grandes que Jamaica, que Puerto Rico, que 41 países del mundo. También les importa la proyección hacia la Antártida y tener el control del Canal de Drake. Dicen que si hay una tercera guerra mundial, la primera bomba será en el Canal de Panamá, para evitar la comunicación interoceánica. Por lo tanto, el único lugar donde se podrá pasar será aquí.
El 2 de Abril es para mí un día de orgullo y de dolor. Dolor con orgullo, porque es el orgullo de saber que cuando todos pelan por intereses, en nuestra Patria hay gente capaz de morir por amor.
Ramón Robles
– Veterano de Guerra de Malvinas, integró el Grupo de Artillería Aerotransportado 4. Actualmente preside la Confederación Nacional de Combatientes de Malvinas de la República Argentina y la Federación de la Provincia de Buenos Aires.
Voluntariamente me tocó el Grupo de Artillería Aerotransportado 4, los paracaidistas de Córdoba. El 2 de abril se anuncia la recuperación de las Islas y la algarabía de todo el mundo era terrible. Llegamos allá un 23 de abril. Desde el 1 de mayo, que empezaron los combates, hasta el 11 de junio, lo único que podíamos hacer era rezar para que una bomba no nos caiga encima.
Calculo yo que nadie estaba realmente consciente del lugar en dónde estábamos y de para qué estábamos. No me pasó de preocuparme ni nada. Me empecé a preocupar cuando empezamos a pasar de posiciones; vi pasar el primer avión y sentí los bombardeos en el aeropuerto. Calculo que empecé a tener miedo; el que diga que no tuvo miedo no estuvo en Malvinas.
Fuente: Ámbito Financiero


