Mar. Jun 16th, 2026

De un tiempo a esta parte han proliferado algunos autollamados historiadores, que escriben libros y artículos, efectúan declaraciones periodísticas, participan en programas televisivos y se dedican a confundir a la opinión pública utilizando todo medio comunicacional que se les ponga a su alcance, ofreciendo una versión muy particular acerca de los hechos y personajes de nuestro pasado.  La historia que ellos cuentan está convenientemente arreglada para justificar sus ideas políticas, sin importarles un bledo la imprescindible seriedad y objetividad que debe revestir todo trabajo historiográfico en la eterna búsqueda de la verdad.


Es cierto que cada historiador cuenta la historia a través de su personal visión, pero distorsionar los hechos o la vida de los que construyeron el pasado acomodándolos sin ataduras intelectuales o morales a la medida de sus pensamientos, resulta inaceptable. Esto es lo que hacen estos señores, con aviesa intencionalidad política.

Hay diversas formas de distorsionar el pasado, una de ellas es sacar los episodios del contexto histórico en que ocurrieron. Esta es una forma ligera de faltar a la verdad.  Con igual sentido resulta de un inaceptable facilísimo escribir sobre historia basándose exclusivamente en el trabajo de otros, sin indagar en las fuentes. La etimología misma de la palabra Historia lo aclara, ya que deriva de un vocablo griego que significa «investigación» o «información»; convirtiéndose en el latín historia, que en castellano antiguo evolucionó a estoria; de allí el título de la Estoria de España de Alfonso X el sabio (1260-1284)  y se reintrodujo nuevamente en nuestra lengua en su forma latina original.

Estos nuevos historiadores, al no investigar en las fuentes y utilizar solamente la bibliografía existente, dejan de lado el sentido mismo de la disciplina que es indagar el pasado. Y con esta metodología, los filtros personales se multiplican, el del historiador primigenio que abrevó en las fuentes, el de los que han narrado los hechos ajustándolos a sus circunstancias, y el de los que han servido de base al que finalmente lo vuelve a transmitir.


Pero ¿qué es la historia? Nos preguntamos. Y nos respondemos, son los hechos de nuestro pasado, que efectivamente han ocurrido y que por su amplitud han dejado huellas profundas en la sociedad, tanto que pueden servir de base a la comprensión de hechos posteriores.  Lo peligroso es que la distorsión de los hechos y una interpretación malintencionada puede resultar muy útil para aquellos que quieren cambiar las bases culturales, políticas y religiosas en que se asienta una sociedad.


Y con este sentido se ha difundido escribir hechos históricos distorsionándolos perversamente; lo que también ocurre cuando en forma de novelas o ensayos, se describen mentiras asumiéndolas como realidades que efectivamente ocurrieron.