Dom. Abr 26th, 2026
Conforme a derecho la Cámara Federal de Casación, máxima instancia en lo penal, dejó firme el procesamiento de Cristina Kirchner, en la causa de los cuadernos.

Recordemos que estos cuadernos, que se creían extraviados pero que luego aparecieron, fueron anotaciones escritas por el chofer Oscar Centeno, un suboficial retirado que cuidadosa y meticulosamente anotaba todos los desplazamientos y operaciones de su jefe el secretario de Coordinación del Ministerio de Planificación Roberto Baratta, mano derecha del ministro Julio De Vido. Son una prueba fehaciente del manejo espurio de los dineros del Estado.

El diario La Nación aclaró en su momento, que los cuadernos habían llegado a su poder en enero de 2018, a través de la ex mujer del exchofer, y que después de una investigación conducida por el periodista Diego Cabot fueron entregados al Poder Judicial. Estos cuadernos incriminan a la actual vicepresidenta y a otros funcionarios de su gobierno. Diego Cabot recibió el Premio Internacional de Periodismo Rey de España por su trabajo «Los cuadernos de las coimas».

La Cámara con el voto de los jueces Daniel Petrone y Diego Barroetaveña, en mayoría, y con la disidencia de la jueza Ana María Figueroa de conocida afinidad política con el kirchnerismo, dejó firme el procesamiento de Cristina. El tribunal rechazó los planteos de la defensa y ratificó el fallo que la acusa haber liderado una asociación ilícita y haber participado de 27 hechos de sobornos.

También ayer, el presidente fue a los tribunales de Comodoro Py, para declarar como testigo en el juicio oral contra Cristina Kirchner por el reparto de la obra pública. Lo hizo durante tres horas y lógicamente defendió a su jefa y mentora política. No parece ser el mismo Fernández que, en 2016, en ocasión de la detención de José López (el de los bolsos repletos de dólares) decía que le había advertido a Cristina Kirchner sobre lo que estaba pasando con la obra pública en su gobierno. Pero bien sabemos que la palabra del presidente, lamentablemente, está totalmente desvalorizada.

Mientras todos los ojos se centran en la justicia, el país anda a la deriva como un barco sin timonel, Alberto no decide tomar el timón del gobierno para fijar un rumbo, por el contrario, sus continuas contradicciones y su verba imprudente generan más incertidumbres que certezas.

Ay, mi Argentina, me duele. ¿Tan bajo hemos caído que ni en la palabra del primer magistrado de la República se puede confiar?.

Sin embargo, podemos observar un horizonte más claro, aunque muy lejano todavía.  Cuando un tribunal actúa como actuó ahora el tribunal de casación, con independencia del poder político, se percibe como un viento de cambio. Ojalá que estos vientos de cambio perduren y volvamos a rescatar una auténtica democracia, fundada en los valores éticos y morales que heredamos de los padres de la patria.