Decíamos que Buenos Aires, nuestra Capital Federal, es una ciudad privilegiada. Tiene los servicios públicos más baratos del país y por contraste, los promedios de salarios más altos, pero además tiene un conjunto de incalculables prebendas y beneficios.

Buenos Aires disfruta de museos, centros culturales y múltiples atractivos que son pagados con fondos del tesoro nacional. Además, concentra los servicios financieros y una gran parte de los comerciales. Las sedes principales de las FFAA están también en Buenos Aires, también las sedes sindicales, las de la Iglesia y la de los organismos públicos. De igual modo, las empresas del Estado y las casas centrales de las grandes empresas privadas. También las embajadas de países extranjeros. Dos aeropuertos que funcionan como ejes de un gran abanico, para todos los restantes del país. Los pasajeros del interior, necesariamente tienen que pasar por Ezeiza para tomar un vuelo al exterior, con la sola excepción de Córdoba que ahora tiene unos pocos vuelos internacionales. Es complejo enumerar la cantidad de oficinas públicas y privadas que se concentran en Buenos Aires. Y si a eso le sumamos que están allí las sedes de los tres poderes del Estado, podemos tomar nota de una de las causas principales de la ausencia de federalismo, un federalismo tan declamado como negado en los hechos.

Repartir equitativamente los subsidios es una medida justa y necesaria, pero no resuelve el problema. La única solución, ya practicada por Brasil décadas atrás al construir Brasilia, es trasladar la capital Federal a una ciudad del interior o edificar una nueva.
La idea no es nueva, el último intento fue el del presidente Raúl Alfonsín que propuso trasladar la capital a Viedma-Carmen de Patagones. La ley 23.512, sancionada el 27 de mayo de 1987, que autorizaba el traslado, aún sigue formalmente vigente porque jamás fue derogada.

En 1972, con la firma del entonces presidente de facto, Alejandro Agustín Lanusse se emitió el Decreto Ley 19610 donde se declaraba «la necesidad de determinar la conveniencia, oportunidad y factibilidad de trasladar la Capital a otro lugar del territorio nacional».
Finalmente, en 2014, el diputado Julián Dominguez titular de la Cámara Baja por entonces, propone mudar la Capital de la Nación al Norte Argentino. Dice Domínguez en ese momento «Hay que volver a repensar la Argentina, repensar en el norte grande, repensar si la capital política argentina debe estar en esta ciudad o en el norte argentino». Domínguez pone su mirada en el Norte Grande y en el Pacifico. Afirmaba entonces.»Yo creo que es importante que la Argentina vuelva a repensar el norte argentino, que vuelva a repensar su salida al pacífico» palabras del Diputado.
En una nota editorial de ese año, proponíamos a Tucumán y decíamos: San Miguel de Tucumán, elegida por los convencionales de 1816 para ser sede de la Asamblea que declaró la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, es la ciudad argentina más equidistante de las naciones vecinas, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay. Es un nudo de comunicaciones, tiene una estratégica ubicación central y es capital de una dinámica región. La mayoría de los argentinos están deseosos de que la capital federal sea trasladada, solo falta decisión y coraje de un gobernante que tenga la visión estratégica de un estadista.