El viaje a China y el encuentro de Alberto Fernández con Putin, donde criticó al Fondo Monetario y a los EE. UU., retrasarán sin duda el acuerdo con el organismo multinacional de crédito. Tanto Rusia como China son enemigos de EEUU, muy especialmente el gigante oriental, en el que su presidente Xi Jinping tiene un plan estratégico para colocar a Beijing por encima de Washington, y la Ruta de la Seda es el sofisticado dispositivo diplomático que diseñó para facilitar ese objetivo. Washington esta muy al tanto de los pasos de Alberto y sin publicidad alguna, cobrará a la Argentina el desaire.

La Ruta de la Seda se refiere históricamente a una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china desde el siglo I a. C., que se extendía por todo el continente asiático.
Durante su visita a China, nuestro presidente firmó la incorporación de Argentina a la iniciativa, siendo el vigésimo país de la región en adherirse. Con el nuestro, son 145 los países que ya firmaron el Memorándum de Entendimiento, los que suman el 40% del PBI global. Son 44 naciones de Africa, 42 de Asia, 29 de Europa, 20 de América Latina y el Caribe y 10 de Oceanía. En todos estos países, China firmó acuerdos de cooperación en materia económica, sanitaria, cultural, digital, medioambiental, entre otras áreas. Sin embargo, se observan ausencias notables y muy importantes, como las de la India, el Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, y por supuesto EE. UU., que califica al proyecto como una estrategia de China para generar dependencia en los países más necesitados.
Según la agencia oficial Telam, la admisión de nuestro país se formalizó durante la reunión cumbre que mantuvieron los presidentes Alberto Fernández y Xi Jinping en Beijing. Se dice que esta incorporación nos permitirá obtener más de 23.700 millones de dólares para financiar obras e inversiones. Además, se firmaron otros trece acuerdos de cooperación en diversas áreas, informó Telam. Lo cierto es que el viaje a Rusia y China se realizó en un momento inoportuno, a lo que semana las insólitas declaraciones de Alberto en Moscú y la incorporación de nuestro país a la Ruta de la Seda, iniciativa a la que EEUU se opone firmemente. Estas acciones resultan irritativas, tanto para la Unión como para las potencias occidentales de las que necesitamos recibir respaldo. Con este escenario vemos muy difícil que en marzo se apruebe un Acuerdo definitivo con el Fondo.
Alberto desorienta, y nadie sabe cuál es su real forma de pensar. En sus primeros dos años de gobierno, más se preocupó por consentir a su vice y obtener su aprobación, que hacer un buen gobierno. Todos creen ahora, que ha llegado el momento de no preocuparse más por una coalición gubernamental que está quebrada y actuar conforme a su propio entender. Pero debe comprender que, en el plano internacional, solo de los EEUU puede recibir un apoyo concreto y realista. Todas las promesas acumuladas en este periplo son nada más que promesas, palabras que las lleva el viento, y nada más que palabras.