Es imposible explicar lo inexplicable. ¿Cómo se puede explicar o entender que el presidente Alberto Fernández, luego de anunciar el principio de acuerdo con el FMI, laboriosamente negociado, que aún no está finiquitado, y logrado con el apoyo de EEUU, viaje a Rusia en un momento muy inoportuno por la crisis ucraniana, que enfrenta a Occidente con la Federación que preside Putin, y que en su encuentro con el mandamás ruso critique a EEUU y al Fondo?

Al anunciar el preacuerdo con el Fondo, el presidente ganó muchos puntos en su imagen, es que mostraba un acto de racionalidad en medio de la gran confusión del gobierno, aunque le costará un portazo de Máximo Kirchner, que se estima fue avalado por su madre, la Vicepresidenta, no obstante manifestaciones en contrario. Sin embargo, la renuncia del Delfín a la jefatura del bloque en la Cámara Baja, no hará perder la gobernabilidad, siempre que Alberto se maneje con inteligencia y astucia.
Pero visitar a Putín y efectuar extravagantes declaraciones contra EEUU, si puede hacerle perder sustentabilidad a su gobierno para avanzar con el Acuerdo definitivo con el Fondo. Nuestro presidente planteó que el país puede ser la puerta de entrada de Rusia a América Latina. “El contexto es muy favorable para vincularnos más entre Rusia y la Argentina. Tenemos que ver la manera de que Argentina se convierta en una puerta de entrada de Rusia en América Latina, para que Rusia ingrese de una manera más decidida”, le manifestó a Putín el presidente.

El mandatario ruso, en silencio, no respondió a la oferta de Alberto. Bien sabemos que Rusia no necesita de Argentina para que le abran la puerta en América Latina; tampoco sabemos si los demás países de la región aceptarían esta suerte de intermediación de Argentina, que propone nuestro mandatario.
Expresó además, que nuestro país vive un momento muy especial producto de su endeudamiento y de la situación económica que heredó. “Yo estoy empecinado en que Argentina tiene que dejar esa dependencia tan grande que tiene con el Fondo y con Estados Unidos. Y tiene que abrirse camino hacia otros lados. Y ahí es donde me parece que Rusia tiene un lugar muy importante”. La imparable verborrea de Alberto embarró todo. Como bien lo graficó un diplomático norteamericano “Escupió la mano que le dimos”, este mismo diplomático de larga experiencia en América Latina y en el Departamento de Estado, según lo manifiesta Joaquín Morales Solá en una nota, precisó: “Sin nosotros, el principio de acuerdo con el Fondo hubiera sido difícil de lograr o no se hubiera logrado”[i].

Putín muy parco, como se lo puede observar en las fotografías distribuidas, anunció que habrá una coordinación diplomática con Argentina en los organismos multilaterales -ONU y G20- y enfatizó los vínculos bilaterales entre ambos países. Recordó la compra masiva de vacunas Sputnik V durante los primeros meses de la pandemia, y reafirmó su voluntad política de consolidar la relación estratégica entre Moscú y Buenos Aires. Fernández no reclamó por la falta de la segunda dosis de la vacuna que nos generó un problema sanitario serio.

Finalmente, Alberto recordó ante los medios, que se encontraría nuevamente con Putin en Beijing, adonde fueron invitados por el presidente chino, Xi Jinping, para participar de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Alberto fue el único mandatario del Grupo del G20 que asistió a la apertura de los juegos boicoteados por EEUU por las violaciones de China a los DDHH.

¿Que quiso lograr Alberto de este encuentro con Putin en Rusia y con su visita a China?, tema del que hablaremos mañana, es muy difícil interpretarlo. Argentina necesita del apoyo de Occidente, adonde siempre pertenecemos. En una posible grieta, que ya estaría planteada, entre la alianza Rusia, China, enfrentada con los EEUU, Europa y sus aliados, quedaríamos en el lado equivocado. Acaso no lo advierte nuestro presidente que está jugando con fuego, y que el alineamiento internacional es prerrogativa del Congreso y no de su simple voluntad.
Mañana continuamos