A pesar de la convulsión interna que generó la renuncia de Máximo Kirchner como Jefe del bloque de diputados, el mundo sigue andando, Argentina aunque enferma, también y el gobierno, por qué no?
Claro está que la coalición oficialista corre el riesgo de romperse, pero es algo que no le vendría mal al país. Y creo que tampoco al presidente Alberto Fernández, que estuvo en los dos años anteriores severamente controlado por su Vice y el Instituto Patria.
Después de la renuncia de Máximo, Alberto declaró: «Cristina también tiene sus matices y diferencias con el Fondo, pero hay un punto en el que el presidente soy yo y tengo que tomar las decisiones» Claramente se entiende que su vice no está de acuerdo con lo actuado por el gobierno y su ministro Guzmán. Pero efectivamente, el presidente es Alberto.
Si el Frente de Todos se quebrara o se disolviera, Alberto tendría la oportunidad de mostrar su valía. Y no le faltarían apoyos, en una sociedad donde más del 70 % desaprueba tanto a Cristina como a Máximo, según la mayoría de los encuestadores.
Cristina y sus seguidores viven en un mundo que concluyó hace ya muchos años y sueñan aún con un colectivismo que bien sabemos fracasó en el mundo. Se disfrazan de peronistas, pero lejos están de los lineamientos de las políticas justicialistas. Y más lejos aún de seguir los dictados de Juan Perón. Quien en vida se ocupó largamente de diferenciar al peronismo del socialismo.
Estando el General todavía en su exilio de Puerta de Hierro en Madrid, ya se planteaba la disyuntiva, Patria Socialista o Patria Peronista. Montoneros, una organización que nació en las entrañas del movimiento, aliándose circunstancialmente con el ERP, un movimiento guerrillero de neta ideología marxista, generaron una dualidad que el mismo líder del movimiento se ocupó de zanjar. El peronismo no es socialismo, afirmaba el iniciador del justicialismo y calificó a los montoneros y a los infiltrados marxistas dentro del peronismo como estúpidos e imberbes. En el recordado acto del 1° de mayo de 1974, Perón los expulsó de la Plaza de Mayo.
En la actualidad se puede ver la mala influencia de esta izquierda que encarna el kirchnerismo en la política exterior, en la antipatía gubernamental que soporta la empresa privada, en los ataques al sector agropecuario, a la descontrolada emisión monetaria, a la inflación que es la segunda más alta del planeta, al penoso éxodo de jóvenes bien capacitados, en los ataques a la justicia, y en las declaradas intenciones formuladas por algunos referentes del espacio, de cambiar la constitución, no una simple reforma, sino Carta Magna una totalmente nueva.
No caben dudas de que el cristinismo tiene una actitud desestabilizadora y Alberto debe tomar clara conciencia de esto. Ahora bien, ¿cuánto representa hoy política y electoralmente? Difícil es decirlo, pero está muy devaluado. ¿Qué falta para que los auténticos peronistas reaccionen y actúen?. Creemos que es el momento oportuno y necesario. Dos años le quedan a este gobierno y en beneficio del país y de su gente, más vale que sea el peronismo, sin la carga del kirchnerismo el que nos gobierne.