El diálogo como camino al entendimiento

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El Papa Francisco en su tradicional mensaje de Navidad, “Urbi et orbi”, a la ciudad y al mundo, pidió por la paz, reclamó nuevamente vacunas para todos, especialmente para los más pobres; pidió también por las mujeres víctimas de violencia y por los niños que sufren bullying y otros abusos. Pero además y muy especialmente, hizo un llamado al diálogo como forma de resolución de conflictos.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro ante unos 20.000 fieles que, con barbijo y paraguas, debido a la lluvia el Sumo Pontífice señaló: “En este tiempo de pandemia nos damos cuenta de esto todavía más. Se pone a prueba nuestra capacidad de relaciones sociales, se refuerza la tendencia a cerrarse, a valerse por uno mismo, a renunciar a salir, a encontrarse, a colaborar. También en el ámbito internacional existe el riesgo de no querer dialogar, el riesgo de que la complejidad de la crisis induzca a elegir atajos, en vez de los caminos más lentos del diálogo; pero son estos, en realidad, los únicos que conducen a la solución de los conflictos y a beneficios compartidos y duraderos”, dijo el Papa.

En nuestra Argentina también los obispos en su visita de fin de Año al presidente Alberto Fernández, reclamaron el diálogo, es que la ausencia de diálogo lleva inexorablemente al conflicto. Para dialogar hay que ser tolerantes con los que piensan distinto, y con legítimo temor estamos viendo que gran parte de nuestra dirigencia política se ha sumergido en la intolerancia.

Hablan de odio, sin tomar conciencia de que los mismos que lo declaman son los que generalmente lo generan. Es que la grieta que el presidente Fernández prometió cerrar se ha convertido en un gran abismo que separa a dos argentinas opuestas. no es necesario que la violencia se manifieste corporalmente, para constatarla. Se la puede percibir en frases hirientes, en descalificaciones, en agravios, o utilizando mentiras.

Faltan dos años largos de un gobierno que va de contramano con la gente, que maneja el timón de una nave que pareciera no tener fijado un rumbo, con múltiples conflictos internos, a lo que se suma una gran desconfianza de que pueda soportar el oleaje y salir adelante. Y lo peor es que no genera consensos, sino conflictos que se van sumando.

¡Cuanto bien le vendría atender el reclamo de los obispos y el mensaje de Francisco ¡

Sin diálogo no habrá entendimiento y brotará la intolerancia. Y junto a la soberbia del que se cree dueño de la razón y del poder, se muestran como los peores consejeros para conducir la nave a buen puerto.

En nuestra Argentina hay libertad de culto, y aún cuando el país nació bajo el signo de la cruz, bien acogimos a los que profesan otras religiones y los incorporamos como hermanos nuestros. Fuimos tolerantes con los recién llegados y así los unos y los otros, conformamos una gran Nación, de nativos e inmigrantes.

Nuestro más ferviente deseo en estas fiestas, es que la grieta se cierre, y nuestros políticos dialoguen en beneficio de un entendimiento que nos lleve a un gran acuerdo de gobernabilidad.

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