Derrotas del Gobierno, el que no toma conciencia de su debilidad

0

El gobierno desoyó a los obispos nucleados en la Conferencia Episcopal, que fueron a saludar a Alberto la semana pasada, con motivo de Fin de Año, ocasión en la que le expresaron “la importancia” de que “se lleguen a acuerdos fundamentales y superadores, que hagan detener la continua confrontación que se vive en nuestro país, ya que en un clima así es muy difícil salir adelante”.

La prudencia que caracteriza a la iglesia, de haber sido escuchada, le hubiera evitado al oficialismo consecutivas y duras derrotas políticas. Sin duda que la soberbia y la prepotencia son pésimas compañeras en la política, especialmente en un momento de gran debilidad como el que transita el gobierno y, tanto el primer mandatario, como los ministros y los principales dirigentes del espacio, deberían cuidar de no confrontar considerando la histórica derrota electoral sufrida en noviembre.

La insólita provocación del ministro de Justicia, Martín Soria a la Suprema Corte, se inscribe como la primera derrota, ya que le costó a la administración de Alberto, dos derrotas consecutivas en sendos fallos del Tribunal Supremo. El primero lo dio a conocer, inmediatamente después de la tensa reunión con Soria, en el que ordena al Gobierno Nacional, devolver a la provincia de Santa Fe $ 86 mil millones por la coparticipación. El segundo fallo muy doloroso para el gobierno, pero más aún para Cristina, es decretar la inconstitucionalidad de la composición del Consejo de la Magistratura. El fallo establece que la actual integración de 13 miembros del Consejo es inconstitucional porque no respeta el equilibrio entre los estamentos que fija la Constitución Nacional. Era un fallo esperado, pero no por ello deja de ser una derrota para el kirchnerismo.

El ministro Martín Soria se movió con una torpeza digna del premio anual a la estupidez.

Pero la mayor derrota, de niveles catastróficos, fue la que sufrió el oficialismo en la Cámara de Diputados, donde se votaba la Ley de Presupuesto. Este instrumento, elaborado por el ministro del área Martín Guzmán, había recibido fuertes críticas por un amplio arco de técnicos y economistas. Sin duda que los números habían sido dibujados muy alejados de la realidad, como el de prever una inflación de sólo el 33 % cuando todos saben que estará por encima del 50 %. Para el año en curso, el presupuesto de Guzmán había previsto un 29 % de inflación, luego cambió la previsión llevándola al 45  y terminará por encima del 50. El presupuesto que es la herramienta que tiene un gobierno para establecer prioridades y las políticas a llevar a cabo en las diversas áreas de gobierno, debe ser transparente y realista, no un dibujo de técnicos.

Las quejas se multiplicaron por contener quimeras, imposibles de cumplir, y así venía anunciándose. Sin embargo el oficialismo, no obstante no tener los votos para su aprobación, lo llevó al recinto. Después de 20 horas de debate, y con conciencia plena de una segura derrota, entre los elementos más moderados del oficialismo y de la oposición se llegó al acuerdo de devolver el presupuesto a Comisión, para que en el transcurso de la semana, se introdujeran cambios y modificaciones para votarlo en el  próximo plenario del cuerpo. Era una salida lógica y prudente.  Pero cuando esta salida estaba acordada tomó la palabra el jefe de la bancada oficialista, Máximo Kirchner, quien fiel a su naturaleza confrontativa y prepotente, provocó a los diputados opositores agraviando a algunos de manera personal y acusando a la oposición, con el remanido discurso de la responsabilidad por la deuda.

El exabrupto de este incalificable personaje no solo provocó que el gobierno saliera derrotado, ya que el dibujo de Guzmán, fue rechazado por 132 votos contra 121, sino que descolocó al gobierno de Fernández al quedarse sin presupuesto y al Presidente del Cuerpo Sergio Massa, que sintió el fracaso de su gestión.

No es válido culpar del hecho a la oposición, esta ofreció una salida elegante para evitar la derrota, pero el hijo de Cristina, portador del apellido Kirchner optó, a sabiendas, por la derrota y no por la negociación.   Las principales víctimas de la intempestiva reacción del Jefe de la bancada oficialista son el propio Alberto, el ministro Martín Guzmán, y Sergio Massa.   Lo más grave para el país, es que esta derrota retrasa la negociación con el FMI.

Como no se puede volver a tratar este proyecto este año, el gobierno por Decreto prorrogará el de 2021, Guzmán deberá elaborar un presupuesto creíble, realista y no un simple dibujo para que el Congreso lo trate y lo apruebe en los comienzos de 2022 y Sergio Massa, intentar convencer a Máximo de que su primer objetivo debe ser el diálogo y no la estéril confrontación.  

spot_img