Dos rostros enfrentados de nuestra política

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En estos días pasados los argentinos pudimos constatar dos rostros muy distintos de la política. El viernes pudimos ver y escuchar al Senador Esteban Bullrich, despedirse emocionado hasta las lágrimas, de su banca en la Cámara Alta.  Sabemos que Bullrich está afectado desde hace tiempo, por la cruel ELA, esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad de las neuronas en el cerebro, el tronco cerebral y la médula espinal que controlan el movimiento de los músculos voluntarios.

Ante sus pares, Bullrich anunció su renuncia comunicándose mediante un dispositivo especial tras las dificultades que tiene en el habla. «La realidad me impone esta decisión y la ELA me ha enseñado, fundamentalmente, a aceptar la realidad», señaló el senador.

En un momento de su discurso expresó: “Aunque no me corresponde a mi pedirlo, me gustaría que se recordara de mi paso por este cuerpo la búsqueda constante del consenso a través del diálogo. El diálogo entendido como una conducta activa, de apertura y de generosa curiosidad en la que los participantes se abren a escuchar a la persona que tienen enfrente. Ese es, para mí, el valor más importante y a la vez más escaso de la política argentina: la posibilidad de entender que los adversarios nunca son enemigos y que representan a una porción de los argentinos cuyos valores, intereses y deseos son tan atendibles como los de uno y que se puede dialogar, negociar y acordar sin relegar lo que uno es y lo que uno defiende”.

Bullrich podía haber quedado en su banca, disfrutando de sus beneficios y asumiendo un confortable rol pasivo, tanto los dirigentes de su propia alianza como los del oficialismo, se lo sugerían y ofrecían, pero Bullrich es un hombre íntegro, honesto con los demás y consigo mismo, que asumió la política como un servicio al país y no para servirse de ella. Dijo estar muy triste por su renuncia, y al mismo tiempo exhortó al diálogo y al consenso diciendo: “Créanme que es mucho más lo que nos une que lo que nos divide, solo se requiere vencer prejuicios, hacer silencio y escuchar al otro. Este proyecto no es de nadie, es de todos. Porque en política, las buenas ideas no tienen dueños, tienen beneficiarios. Repito, las buenas ideas no tienen dueños, tienen beneficiarios.Y porque, como dijera Borges: «nadie es la Patria, pero todos lo somos».

Esteban Bullrich nos deja una gran enseñanza, del valor frente a la adversidad, de amor por la patria, de rectitud y de probidad, enseñanza que debemos atesorar en beneficio nuestro y de nuestros hijos y nietos. Acabar con la grieta, pero asegurando la buena fe, la integridad moral, y la honestidad propia y ajena.

El otro rostro de la política es exactamente lo opuesto a lo de Bullrich, la celebración del kirchnerismo en la Plaza de Mayo, que no lograron reventar como prometía Máximo Kirchner. Argumentaron que celebraban la democracia, pero fue todo lo contrario. Un festejo faccioso, del que no participó la oposición por no ser invitada, tampoco los principales sindicatos, ni la CGT, estuvieron ausentes, además, las principales organizaciones sociales, pero se gastaron 40 millones de pesos para montar el escenario, el acarreo de participantes y en músicos que animaron el encuentro.

En el escenario estuvieron Cristina, el brasileño Lula, el uruguayo Mujica y también Alberto Fernández. De sus discursos rescato las siguientes frases: De Cristina: “Hay que decirle al FMI que nos ayude a recuperar los miles de millones de dólares que se fugaron al exterior.” De Alberto Fernández: “Estoy con vos Cristina, porque se de tu inocencia y tu honestidad”.  De Lula: “La misma persecución que me llevó a la cárcel fue la que persiguió a Cristina Kirchner”

¿Fue una plaza para celebrar los dos años del gobierno de Fernández? ¿O preparada para Lula, que anuncia una nueva postulación a la presidencia de Brasil? ¿O para despotricar contra el FMI, mientras Guzmán, intenta llegar a un acuerdo?

No lo sabemos, pero todo vale. La gran ausente fue la democracia.

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