Mié. Abr 29th, 2026

Mucho se habla de ajuste y se teme que el FMI, para llegar a un acuerdo, tan necesario para Argentina, profundice lo que llamamos ajuste y que implica nada más y nada menos, que nuestro Estado, no gaste más de lo que puede, es decir lograr un equilibrio fiscal.

El Estado nacional y los provinciales, dilapidan recursos carnavalescamente. Y hay un concepto muy arraigado entre la gente común, de que los fondos del Estado son interminables. De esta manera resulta muy difícil lograr el necesario equilibrio fiscal.

Los constituyentes de 1853 optaron por el sistema republicano de gobierno, sin duda el más adecuado para la joven América. Sin embargo, nuestros políticos, cuando llegan al poder, se transforman en monarcas. Gastan sin medida en cuestiones superfluas o dilapidan los recursos. Un ejemplo de esta aseveración es la gigantesca flota de aviones que los funcionarios utilizan discrecionalmente, no sólo para sí, sino también para familiares y amigos. 

Una investigación del diario La Nación sobre la cantidad de aeronaves para uso de los funcionarios arroja un número casi increíble. El total alcanza las 177 unidades como mínimo. Según el matutino, hasta el 24 de septiembre pasado, había 171 aeronaves, entre aviones y helicópteros, cuyas matrículas corresponden a gobernaciones y otros entes públicos provinciales. A ellos hay que sumarles al menos otras seis unidades de Presidencia. De manera que la flota de nuestros poco republicanos gobernantes supera ampliamente a la de Aerolíneas Argentinas compuesta por 79 aeronaves.

La larga lista de matrículas provinciales está dominada por la heterogeneidad señala el diario fundado por Bartolomé Mitres. Hay unidades en desuso desde hace años o destruidas en accidentes, otras que no están en condiciones de volar y una gran cantidad dedicada a tareas que van más allá del transporte de funcionarios. Cada avión cuesta una fortuna, y el mantenimiento otra. En ocasiones el Estado propietario factura el servicio, pero lo paga otra repartición. O sea que siempre el costo pesa sobre el erario que sostenemos entre todos.

La primera dama Fabiola Yañez es una pasajera frecuente de la flota presidencial. Aunque en varias ocasiones acompañó al presidente, también viaja sola desde El Palomar o Aeroparque hacia Posadas, el lugar en el que vivió desde los 12 años y donde actualmente vive parte de su familia. Al menos cuatro de esos viajes se hicieron en el período más restrictivo de la cuarentena obligatoria. De manera que la Señora Yañez, fue a Misiones en el momento en que casi nadie podía abordar un vuelo en la Argentina ni trasladarse entre provincias. Claro está que la primera dama tiene coronita, y esto ya lo hemos constatado por su fiesta de cumpleaños en la residencia de Olivos.  

También usa otras aeronaves. El 12 de enero de 2020 voló junto al Presidente en el H-01, el helicóptero más importante de la flota, para ir a la residencia de Chapadmalal. Llevó, entre otros, a su hermana Tamara Karina Yañez y a su madre, Miriam Verónica Yañez Verdugo.

Yañez volvió a viajar a Chapadmalal en febrero de 2020, sin Fernández. Claro está que ésta modalidad de uso de recursos del Estado, no es privativa de este gobierno. En febrero de 2017, la primera dama de entonces, Juliana Awada regresó desde Punta del Este, junto a Antonia, la hija que tiene con Mauricio Macri, en el principal helicóptero de la Casa Rosada.

Ante estas costumbres tan poco republicanas y para nada austeras, cuando a todos se les pide que ajusten sus cinturones, recordamos que en ocasión del encuentro del G20 en Buenos Aires, el avión oficial de Alemania tuvo un inconveniente. Su Canciller, Angela Merkel, no dispuso de un avión de la flota de Lufthansa, ni arrendó un avión privado, vino a la Argentina en un vuelo de línea, de Iberia. Es lo que corresponde a un funcionario de una auténtica república. Sin duda que, de Angela Merkel a nuestros gobernantes, hay un abismo de distancia.