La Educación, los jóvenes ni,ni y Jaim Echeverry

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Uno de cada cuatro jóvenes argentinos, de entre 18 y 24 años de edad no estudia ni trabaja.
Así lo revela el más reciente informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, en base a datos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Argentina solo es superada en este aspecto por Brasil, Colombia, Turquía e Italia. Mientras Noruega, Islandia y Luxemburgo ocupan las mejores posiciones.

El problema de los llamados jóvenes “ni, ni”, tiene ya larga data en nuestro país, y debería ser un tema preocupante, del que se ocupe nuestra dirigencia. Pero todo está relacionado con nuestra crisis educativa.

Ayer analizábamos los pésimos resultados obtenidos por nuestros estudiantes en la prueba ERCE de la Unesco y nos referíamos brevemente al libro “La Tragedia Educativa” del ex Rector de la UBA, Guillermo Jaim Etcheverry, ya convertido en un clásico. Quiero hoy rescatar algunos conceptos del libro para orientación de nuestra audiencia.

Dice el autor:  que hay que convertir a la escuela en un sitio en donde tome su lugar la disciplina y el esfuerzo como único camino para lograr una formación sólida. Ello se puede lograr evitando las elaboraciones prefabricadas, el pensamiento digerido por otros, la información superficial. Y destaca, que el esfuerzo es un ingrediente ineludible para el aprendizaje. Y en este sentido cita a Marx cuando éste lo expresa muy claramente en El Capital “En la ciencia no hay calzadas reales, y quien aspire a remontar sus luminosas cumbres tiene que estar dispuesto a escalar la montaña por senderos escabrosos”. Jaim Echeverry, lo dice claramente, el aprendizaje requiere esfuerzo y disciplina.

También dice que hay que rescatar el papel del profesor como elemento indispensable y fundamental en la creación de un clima afectivo e intelectual propicio al aprendizaje profundo. Sugiere que para ello hay que devolver el prestigio y autoridad al maestro, propiciar el ingreso a la docencia de los mejores hombres y mujeres como guía y ejemplo de los niños y jóvenes, de manera que su prestigio esté basado en su capital cultural y moral. Para ello, la carrera magisterial debe convertirse en un camino atractivo y no como ahora, en la última alternativa de empleo. Gastar menos en computadoras y más en maestros, sugiere el autor del libro.

El autor compara las actitudes de alumnos de Argentina y Norteamérica hacia el conocimiento con las de estudiantes chinos: mientras los dos primeros están más interesados en la escuela como medio para obtener bienes materiales, los jóvenes chinos expresan su interés por el saber. Las expectativas de los padres en un caso y en otro se corresponden con las de sus hijos, los padres de argentinos y norteamericanos esperan que la escuela sea un lugar amable en el que sus hijos transcurran muchas horas, lo que en ella aprendan no importa.

Durante esta pandemia los chicos pasan de grado o de curso, sin aprender. Los padres reclaman el pase, sin importarles el nivel de conocimiento adquirido; y los directivos y autoridades gubernamentales, autorizan y promueven que los educandos, pasen al grado superior, de manera facilista, en lugar de repetir el grado.

En su libro Jaim Echeverry bien señala que la sociedad ofrece modelos de éxito que no dependen del estudio, como el deporte y el espectáculo. Según el exrector, los muchachos saben menos porque no valoran el conocimiento. No los culpa, ellos simplemente están absorbiendo los valores dominantes.

Mucho podemos analizar el tema, lo cierto es que la Educación argentina transita una auténtica “tragedia”