Atentado con bombas molotov al diario Clarín

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Nueve encapuchados atacaron con bombas molotov un edificio del diario Clarín. El violento hecho nos pone en alerta por lo que pudiera ser una escalada de violencia que se suma al conflicto mapuche en el sur y a los tiroteos narcos en Rosario. Si bien en lo de Clarín no se produjeron daños materiales, el suceso constituye en sí, un mensaje intimidatorio al medio de prensa y una arremetida contra la libertad de prensa.

Desde todo el arco político hubo expresiones de condena y también desde el gobierno repudiaron el ataque, tanto el ministro de seguridad Aníbal Fernández como el presidente Alberto Fernández expresaron públicamente su preocupación. Por su parte la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), también lo condenaron, al mismo tiempo que alertaron que se trató de “una expresión violenta de intolerancia e intimidación contra el trabajo de la prensa”; exigen “el rápido esclarecimiento y la sanción a sus responsables”.

No obstante, las expresiones de repudio efectuadas desde el gobierno, no se puede ignorar que, desde lo más alto del poder, se viene atacando e intimidando a la prensa independiente.

La vicepresidenta, Cristina Kirchner, al inaugurar una zona franca en Santa Cruz, en octubre pasado, dijo que los argentinos se ponen “nerviosos y mal” por los “medios de comunicación” y consideró que “los argentinos y argentinas se merecerían mejores medios de comunicación”.

Jorge Capitanich, ex Jefe de Gabinete y actual Gobernador del Chaco, acaba de proponer “regular a los medios de comunicación, porque la gente empieza a pensar en lo que los periodistas proponen”. Este Capitanich es el mismo que en un acto público en febrero de 2015 rompió un ejemplar de Clarín. Lo hizo como respuesta a dos notas del matutino, respecto a la denuncia del fallecido fiscal Nisman, por el caso AMIA, en el sentido de que Nisman iba a pedir la detención de la presidenta.

En agosto de este año, el Foro de Periodismo Argentino manifestó su preocupación por las declaraciones de Máximo Kirchner, quien apuntó a la prensa y atribuyó “al odio de los medios de comunicación”, que según su apreciación “generan el caldo de cultivo para este tipo de actitudes”. Se refería al ataque con arma de fuego al diputado provincial correntino Miguel Arias.

Poco tiempo atrás, después de perder las PASO, el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, amenazaba en un acto público: “Un día el pueblo se va a levantar contra los medios… no tengo duda de eso”. A su lado el presidente y el gobernador Axel Kicilloff lo aplaudían entusiasmados, expresando conformidad con sus dichos.

Alberto ahora tuitea manifestando su “repudio al episodio ocurrido frente a la sede del diario Clarín”, agregando, “La violencia siempre altera la convivencia democrática”. Nos preguntamos ¿a cuál Alberto hay que darle crédito? ¿a éste, o al que aplaudía emocionado a Ishii?

Todo episodio de violencia nos debe poner en alerta, máxime cuando se trata de un hecho planificado y ejecutado en banda, con la certeza de que por detrás hay un ideólogo. El oficialismo con frecuencia habla de odio, pero el único odio que se observa es el generado por sus dirigentes y funcionarios.  Si desde lo más alto del poder se ataca a la prensa, esto puede generar que un grupo de trasnochados militantes se sientan autorizados a cometer un hecho violento como el que hoy analizamos.

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