Estamos ya a pocas horas de los comicios legislativos nacionales, y rige la veda que determina la ley electoral.
Independientemente del resultado, estas elecciones podrían marcar un antes y un después en el rumbo del gobierno. Lo importante es que se preserve la gobernabilidad y el mandato constitucional concluya felizmente. Faltan aún dos años para la republicana renovación que señala la Constitución Nacional, dos años complicados, muy difíciles y llenos de obstáculos.
La gravedad del momento que transita la Nación exige el aporte de todos, pero un aporte generoso, sin especulaciones ni aprovechamientos circunstanciales, y vuelve a ponerse en la palestra el tema del Acuerdo Nacional. Un Acuerdo que involucre a todos los sectores, tanto políticos, como sindicales y profesionales, con participación de la iglesia.
Claro está que hoy no es el momento para hablar de un acuerdo, después de una campaña dura, muy ríspida, con acusaciones de ambos lados, donde no faltaron los agravios.
Pero antes de hablar de un amplio acuerdo multisectorial, es la coalición gobernante la que tiene que ponerse de acuerdo internamente, dejar de lado las contradicciones y establecer firmemente un rumbo. Bien sabemos del frio conflicto que existe entre el presidente y su vice, una fórmula que se dio de manera inversa. O se ponen de acuerdo o el presidente asume con decisión el timón del gobierno. De no hacerlo, los dos años finales de su mandato serán muy difíciles.
La Constitución le da poderes al presidente dentro del correcto marco institucional, para gobernar sin ataduras y no dudamos que, si fija un rumbo correcto, tendrá el apoyo de la ciudadanía y del Congreso, con independencia de su conformación política.
El “quiera el pueblo votar” del presidente Roque Sáenz Peña, expresado en 1912, al establecerse el voto universal, secreto y obligatorio, se ha transformado con el tiempo en la frase “sepa el pueblo votar”.
Sepa el pueblo votar, este domingo.