El liderazgo de Cristina

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Una persona a la que tengo enorme aprecio me hizo llegar un pensamiento de Nelson Mandela, que reproduzco textualmente: “Es mejor liderar desde atrás y poner a otros al frente, en especial cuando las cosas van bien. En cambio, debes tomar la primera línea cuando hay peligro. Es entonces cuando la gente apreciará tu liderazgo.”

Y voy a la cuestión, ¿“Que tipo de liderazgo ejerce Cristina»?  Sin duda muy diferente al del ex presidente sudafricano, es la soberbia frente a la humildad.

Cristina señala públicamente los errores y fallas del gobierno de Alberto y de sus funcionarios,  le recuerda que fue ella la que lo instaló en la primera magistratura, y le demanda cumpla con el compromiso asumido (se entiende con ella) y le marca el rumbo en diferentes aspectos del gobierno.  Es Cristina la que opera desde atrás, pero reservándose el papel protagónico en los triunfos y los buenos tiempos y culpando de las derrotas a otros, exactamente lo inverso al pensamiento de Mandela.

Bien sabía la vicepresidenta que sola no cosechaba los votos suficientes para llegar al poder y en una jugada muy astuta en el 2019, invirtió la fórmula presidencial, eligiendo al que la encabezaría y poniéndose ella misma en segundo lugar.

El engendro sirvió para alcanzar el poder, pero no sirve para gobernar.  Argentina es un país en crisis casi crónica y con enormes problemas sin resolver. Nuestra sabia Constitución, fortalece significativamente la figura presidencial y le otorga facultades muy amplias en consideración a la idiosincrasia de nuestra gente. Esto se conoce como hiperpresidencialismo. No así a la Vice que solo debe presidir el Senado, desempatar en caso de empate y sustituir al primer mandatario en ausencia de este.

Cuando se invierten los roles institucionales, es previsible que se produzca una crisis política e institucional, que puede repetirse, y bien vale pronosticar que se volverá a producir cuando aún faltan dos años para concluir el actual mandato presidencial.  

Alberto está muy devaluado ante la opinión pública, y Cristina lo destaca con sus actitudes y sus epístolas públicas, donde explícitamente elucida que la cabeza del gobierno es ella y no el presidente, quien debe limitarse a cumplir sus disposiciones y las relaciones protocolares.  

De esta manera el futuro se muestra muy oscuro para el país; una doble cabeza o peor aún una altanera titiritera que maneja una grotesca marioneta. En tiempos de crisis todo se envuelve en una dramática nebulosa.