La prohibición de exportar carne es un gran fracaso y no un éxito.

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Si bien la palabra del presidente Alberto Fernández está muy devaluada, continúa preocupando los gruesos errores que formula. Ahora dice que, gracias a las restricciones a la exportación, los precios de la carne vacuna al consumidor habían bajado un 2,3% por sobre los vigentes en los primeros 10 días de junio pasado.

A Alberto sus funcionarios le informan mal, cuando toman como valores iniciales los del 1° al 10 de junio se equivocan, porque el cepo en su máxima expresión comenzó el 20 de mayo y, por lo tanto, el mes de base es abril, que fue el último mes sin impacto del cepo exportador.  Corrigiendo el error, los precios al consumidor de agosto por sobre los de abril siguen estando 11,6% más caros y no más baratos.

Al presidente no le importa la pérdida de imagen de los exportadores argentinos, la falta de seriedad de un país que no cumple con sus compromisos y que el sector cárnico, uno de los más emblemáticos entre los productos que Argentina exporta, se vea envuelto en una suerte de desprestigio mundial. Tampoco parece importarle que costaron, en los primeros 3 meses de cepo, cerca de mil millones de dólares, cifra calculada analizando todos los aspectos por el Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina (SRA).

Tampoco le importa que para alcanzar lo que él llama “el compromiso de su gobierno” arruinó el trabajo genuino y de calidad de los trabajadores, las expectativas de los ganaderos comprometiendo la oferta futura y, por último, la confianza de los industriales de mantener esquemas significativos de inversión para agregar valor e incrementar la oferta laboral.

Haciendo un aparte, debo confesar que me avergüenza escribir esta nota, porque solo una Nación de estúpidos puede tomar medidas como ésta, que la perjudican enormemente. Se trata de una prohibición que atenta contra toda lógica y comprensión.

Ni los animales tropiezan dos veces con la misma piedra solo el kirchnerismo lo hace. El justificativo esgrimido para tan absurda decisión es que de esta forma se reducirá el precio interno del producto. Néstor Kirchner ya ensayó esta prohibición durante su gobierno, efectivamente la entonces ministra de economía Felisa Miceli, dispuso en 2006 prohibir la exportación de carne por seis meses, pero la prohibición se mantuvo durante 10 años.

En lugar de bajar, el precio interno de la carne subió.   Pero la insólita medida provocó el cierre de más de cien frigoríficos, la caída de casi 12 millones de cabezas y la pérdida de entre 10.000 y 12.000 puestos de trabajo. Además, se contaron por miles la cantidad de productores ganaderos que se fundieron. [i] Lógicamente perdimos mercados.

En ese contexto el país perdió su liderazgo como exportador mundial de carne. Brasil aprovechando la prohibición argentina se posicionó bien en Europa e incrementó sus envíos a Rusia y la región asiática.  Ahora, Argentina se estaba posicionando bien para exportar carne a China, donde un brote de fiebre porcina afecta a la producción de cerdos, pero el cepo impuesto por el gobierno podría hacer fracasar los envíos.