La riqueza de las Naciones

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 La riqueza de las Naciones, no nos estamos refiriendo al célebre libro de Adam Smith, publicado en 1776 y considerado el primer libro moderno dedicado a la economía, sino a la auténtica generación de riqueza para un país, potencialmente muy rico pero que está sumido en la pobreza. Así es nuestra Argentina actual con casi la mitad de su población inmersa en la pobreza. Resulta muy penoso asumir que de aquella «Argentina Potencia», “Granero del Mundo”, hayamos caído en esta situación de miseria.

Cuando asumimos plenamente el proyecto político, social y económico de nuestra sabia Constitución, el país generaba riqueza y despertaba admiración. Eran tiempos donde el liberalismo iluminaba el mundo y nuestro comprovinciano Juan Bautista Alberdi, inteligente receptor de las modernas teorías que generaban bienestar en las naciones más prósperas, abrazó la causa. No solo nos legó nuestra Carta Magna, sino también un texto que la explica detalladamente y que constituye todo un programa de economía política, me refiero al Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.

En la introducción Alberdi señala: “La Constitución Federal Argentina contiene un sistema completo de política económica, en cuanto garantiza, por disposiciones terminantes, la libre acción del trabajo, del capital, y de la tierra, como principales agentes de la producción, ratifica la ley natural de equilibrio que preside al fenómeno de la distribución de la riqueza, y encierra en límites discretos y justos los actos que tienen relación con el fenómeno de los consumos públicos. Toda la materia económica se halla comprendida en estas tres grandes divisiones de los hechos que la constituyen. Esparcidas en varios lugares de la Constitución, sus disposiciones no aparecen. allí como piezas de un sistema, sin embargo de que le forman tan completo como no lo presenta tal vez constitución alguna de las conocidas en ambos mundos.”

Y más adelante en la misma Introducción dice: “Al legislador, al hombre de Estado, al publicista, al escritor, sólo toca estudiar los principios económicos adoptados por la Constitución, para tomarlos por guía obligatoria en todos los trabajos de legislación orgánica y reglamentaria. Ellos no pueden seguir otros principios, ni otra doctrina económica que los adoptados ya en la Constitución, si han de poner en planta esa Constitución, y no otra que no existe”
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Y Alberdi advierte al hombre público y al legislador, “Ensayar nuevos sistemas, lanzarse en el terreno de las novedades, es desviarse de la Constitución en el punto en que debe ser mejor observada, falsear el sentido hermoso de sus disposiciones, y echar el país en el desorden y en el atraso, entorpeciendo los intereses materiales, que son los llamados a sacarlo de la posición oscura y subalterna en que se encuentra”.

La Argentina actual, “inmersa en el desorden y en el atraso” como vaticinaba nuestro comprovinciano y sumida en la pobreza, con sus instituciones severamente dañadas, con una economía intervenida férreamente por el Estado, con uno de los procesos inflacionarios más altos del planeta, con millones que viven del Estado sin trabajar, sin inversiones, rígido cepo cambiario, prohibiendo exportaciones y aplicando retenciones, impuestos y gabelas a niveles confiscatorios, y para resolver sus problemas de caja, apelando a la máquina de producir billetes sin respaldo, ha abandonado totalmente los consejos de Alberdi y lo ha traicionado, violentando su Constitución. Deberíamos pedir perdón a nuestro genial comprovinciano por no haber sabido preservar su mandato y regresar al camino por él trazado.