Bien sabemos que el hambre es una epidemia mundial y que los intentos de resolverlo han resultado infructuosos hasta el momento, la cifra de los que no reciben las calorías necesarias para subsistir se mantiene estable a pesar de los esfuerzos por reducirla.
Según el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el mundo para el año 2020, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en junio último, cerca de 690 millones de personas pasan hambre.
Argentina produce actualmente alimentos para 400 millones de personas, no obstante, las pesadas cargas que el Estado genera en los sectores productivos, si en lugar de estas cargas se incentivara la producción, ésta se potenciaría a niveles extraordinarios. Y a pesar de las limitaciones que crea este gobierno, nuestro país es el tercer productor mundial de miel, soja, ajo y limones; el cuarto de pera, maíz y carne; el quinto de manzanas; el séptimo de trigo y aceites; el octavo de maní.
Pensar que en la Argentina mucha gente pasa hambre podría señalarse como un absurdo, sin embargo, es parte de la realidad de pobreza que hoy padecemos.
Baste un recorrido fugaz para conocer lo que nos está sucediendo.
El 15,5% de los menores de 18 años sufrieron inseguridad alimentaria severa en el último año. la inseguridad alimentaria severa (que es sufrida por quienes en un período de 12 meses tuvieron situaciones en las que no pudieron satisfacer sus requerimientos de alimentos) alcanza al 8,6% de la población de todas las edades.
La población más afectada por sufrir episodios de hambre es la de quienes tienen entre 13 y 17 años: la inseguridad alimentaria severa llega en este caso al 18,9%, mientras que en 2019 era de 14,4%.
El índice es de 16,7% entre los chicos de 5 a 12 años y de 9,5% en el grupo de niños de 0 a 4 años
La inseguridad alimentaria severa afecta a 3 millones de personas (un 7%) Y la inseguridad alimentaria moderada afecta a 7,8 millones de personas (un 19%) Uno de cada cinco hogares.
El kirchnerismo impuso restricciones a la exportación y altas retenciones a los productos agrarios, este camino, en lugar de resolver o mejorar la situación de hambre, la ha empeorado. El gobierno debería entender que la economía necesita expandirse para generar riqueza y nuevos puestos de trabajo. Las políticas que lleva a cabo son retractivas. De manera gráfica, hay que ampliar la torta y no achicarla. El campo argentino está en condiciones de generar mucha riqueza y de manera directa o indirecta, muchos puestos de trabajo. Y puede dar de comer a cientos de millones, incluidos 45 millones de argentinos que no deberían pasar hambre nunca más. Lo único realmente necesario es volver a los conceptos alberdianos en materia económica, rescatar el trabajo como fuente de riqueza, abrirse a los mercados, ser celosos defensores de la propiedad privada y de la libertad individual, y limitar las funciones del Estado.