Mié. Abr 29th, 2026

Estamos asistiendo muy preocupados, al quebrantamiento continuo y permanente del estado de derecho, el desvío más peligroso para cualquier sociedad, porque su pérdida, genera dictaduras.

Lo que define conceptualmente al estado de derecho es que el Estado, devenido en gobierno, se somete incondicionalmente al imperio de la Constitución y de las leyes.

Toda sociedad organizada encuentra viabilidad y sustento en un ordenamiento jurídico; por lo que, tanto los ciudadanos, como las autoridades y todo el andamiaje político del gobierno debe aceptar y cumplir con este orden. De esta forma el Estado garantiza absoluto respeto por el ciudadano y el orden público, entendiendo a éste como la tranquilidad y la paz social.

Si un gobierno hace caso omiso de la Constitución y sus leyes, y actúa a su pleno arbitrio y con prepotencia, nadie, ni ciudadanos, ni empresas, ni organizaciones sociales de cualquier tipo, pueden beneficiarse con la paz y tranquilidad que necesariamente debe brindarles una sociedad organizada.  

Cuando el Estado -devenido en gobierno-, miente, distorsiona y engaña; utiliza artilugios y atajos para lograr oscuros cometidos, es el orden público el que pierde.

Sabiamente, en las repúblicas modernas, el gobierno está dividido en tres poderes, uno que administra y ejecuta, otro que legisla y un tercero, el judicial, que evita los desvíos.  Pero en situaciones como las que los argentinos estamos transitando, es el Ejecutivo el que intenta arrogarse la sumatoria del poder. Si el Congreso intenta mostrarse independiente, se le acusa de «poner palos en la rueda» y es víctima de una gran campaña mediática. Los jueces callan y otorgan; en la mayoría de los casos, por temor o para no ser inmolados en un sistema perverso.  La división e independencia del sistema republicano es, de esta manera, nada más que letra muerta en la histórica tinta de nuestra formidable Carta Magna.  

Un escalón, más que necesario, imprescindible para que un gobierno se transforme en una dictadura, es acallar a la prensa libre. Por ello se requiere que todos estemos advertidos de lo que sucede y de las ocultas intenciones que puede haber detrás de los hechos.  La única dictadura que podremos aceptar es la de las leyes.

La sociedad argentina está a tiempo todavía de frenar cualquier intento de tiranía. Las elecciones parlamentarias de noviembre adquieren de esta forma, una importancia cardinal para evitar caer en cualquier forma de autocracia.