Ayer falleció víctima de la Covid, el Dr. Miguel Frontini, un médico de 53 años, que asumió su profesión como un verdadero apostolado y era una persona muy querida no solo en el ámbito sanitario, sino también en aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo y tratarlo.
Al rendirle homenaje a él, estoy rindiendo tributo a todos los médicos, enfermeros, camilleros, conductores de ambulancias, asistentes y personal sanitario, que se han desempeñado generosamente en la primera trinchera de la lucha contra esta cruel pandemia.
Miguel se suma a otros profesionales de la salud, tucumanos, que ya ofrendaron sus vidas en el desigual combate contra un virus invisible a los ojos, misterioso, y dañino como no conocíamos, hasta que, a comienzos de 2020, nos enteramos de su existencia.
En el listado de fallecidos por la pandemia que publica en internet la Sociedad de Cirujanos de Tucumán, figuran 28 médicos más 10 enfermeros y otros profesionales de la salud, como odontólogos, agentes sanitarios, choferes, personal, agentes de seguridad, personal jubilado y personal del ámbito privado que suman otros 23.
Tucumán tiene que estar eternamente agradecido a todos ellos.
El 20 de febrero se celebró en Italia la Jornada Nacional del personal sanitario fallecido a causa de la pandemia, el Papa Francisco envió una carta en la que expresa su unión espiritual a todos los reunidos en el significativo acto conmemorativo donde destaca “el desempeño generoso, y a veces heroico, de su profesión vivida como una misión”. En la carta dirigida a Monseñor Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el Papa asegura que “el ejemplo de tantos de nuestros hermanos y hermanas, que arriesgaron su vida hasta perderla, suscita en todos nosotros una profunda gratitud y da pie a la reflexión”. Y Francisco continúa. “ante esta entrega, toda la sociedad se ve animada a dar un testimonio cada vez mayor de amor al prójimo y de atención a los demás, especialmente a los más débiles”.
Miguel Frontini, era un católico ferviente y practicante; cuando veía la necesidad de que a un enfermo lo asistiera un sacerdote, no titubeaba en llevar uno sin importarle si el paciente era un practicante o un ateo. Muchos de ellos se convertían en su lecho de muerte y siempre, todos, le agradecían a Miguel la asistencia espiritual.
Ante la muerte de Miguel, un apóstol de la medicina, revalidamos que los designios de Dios son inescrutables. Él sabrá porqué se lo habrá llevado cuando tanto tenía todavía para brindarnos en este mundo. Miguel Frontini, has cumplido con tu misión terrenal con bondad, generosidad, misericordia y eficiencia, ahora, descansa en paz.