Hoy vamos a referirnos a la celebración del 9 de julio.
Lejanos están los tiempos en que los funcionarios recorrían a pie el camino desde la Casa de Gobierno a la Catedral, donde se oficiaba el tradicional Te Deum y desde allí a la Casa Histórica, en medio de una multitud de ciudadanos que aplaudían. Luego de un almuerzo, se realizaba el desfile militar, en la Avda. Mate de Luna, frente al Parque Avellaneda o frente al parque 9 de Julio sobre Avda. de los Próceres o sobre la Avda. Benjamín Araoz. Era un gran acontecimiento esperado por chicos y grandes. En ocasiones se sumaban aviones de la F.A. que acompañaban el desfile terrestre y los infaltables gauchos. Una verdadera fiesta, sin grietas divisorias ni banderías políticas, pueblo y gobernantes unidos por la celeste y blanca.
Durante el kirchnerismo, las cosas comenzaron a cambiar con la complicidad del gobernador José Alperovich. Se priorizó la política sobre el acontecimiento patrio. Y así se organizaron grandes mítines políticos en distintos lugares. El matrimonio gobernante no asistía a los Te Deum, se negaban a escuchar las críticas o los reclamos que desde el púlpito se hacían. Al oficio religioso en la Catedral, solo asistían el Gobernador y sus funcionarios.
Este 9 de julio, más vale olvidarlo, o recordarlo bien para no repetirlo. La mañana comenzó con fuertes choques entre la Policía y manifestantes que protestaban contra la visita de Alberto Fernández. Desde varios días antes, a través de las redes sociales se rechazaba la visita presidencial. Y tal como se expresaba en los mensajes, referentes de entidades rurales, comerciantes y ciudadanos autoconvocados se congregaron a las 10 en la Plaza Urquiza e iniciaron una marcha de protesta por calle 25 de mayo, con la intención de llegar hasta Plaza Independencia.
Los manifestantes lograron sortear algunos vallados policiales con la ayuda de un tractor y otros vehículos. Pero al llegar a la esquina de 25 de mayo con San Juan, efectivos de Infantería y del Grupo Cero les impidieron el paso. Allí se produjeron violentos incidentes. Hubo trompadas y patadas, y la policía utilizó balas de goma en el intento de dispersar a los manifestantes, estos respondieron con piedras, arrojadas sobre los policías. Se podía ver personas de todas las edades portando banderas y pancartas, donde expresaban su descontento. “Señor presidente, usted no me representa”, “Salvemos a la Patria” “Basta de impunidad”, “Ladrones de vacunas”, y “Libertad para trabajar”, son algunas de las consignas que podían leerse.
El acto en la Casa histórica fue muy opaco, con acceso muy restringido y con discursos de Alberto y Manzur que no valen comentar, es que se olvidaron de la fecha patria que los convocaba.
El tradicional Te Deum fue celebrado por el arzobispo de Tucumán, Monseñor Carlos Sánchez, en una iglesia vacía por razones sanitarias, pero fue seguido por el Gobernador y sus ministros por pantalla en Casa de Gobierno. El prelado en su homilía afirmó que “todavía nos falta mucho por crecer en auténtica libertad, justicia y fraternidad” y llamó a la sociedad argentina a “no sucumbir ante las nuevas formas de colonización cultural”. Sánchez citó al Papa Francisco, “quien nos dice que los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política”. «Nuestro pueblo argentino tiene su identidad, valores y tradiciones, no sucumbamos ante estas nuevas esclavitudes”, advirtió el prelado tucumano.
También dijo que “La forma de dominar es sembrando desconfianza, desesperanza, negando el derecho a existir, a opinar e imponiéndose con la agresión y la división, no hay proyectos a largo plazo pensando en el bien común, sino recetas inmediatistas que destruyen” dijo el arzobispo y se preguntó: «¿Somos un pueblo independiente? ¿Qué es lo nos domina y no nos deja crecer en fraternidad?».
En definitiva, el Prelado puso algo de autenticidad, claridad de pensamiento y actualidad, en esta celebración tan deslucida. En síntesis, se bastardeó la fecha patria y en los hechos se pudo constatar el enorme vacío que continúa profundizándose entre pueblo y gobierno.