Vie. Abr 17th, 2026

Finalmente un funcionario del gobierno reconoció un “error”, en una gestión plagada de “errores”. El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, declaró que el Gobierno cometió “un error” al confiar en que los contratos que firmó para la compra de vacunas contra el coronavirus se iban a cumplir “en tiempo y forma”. No solo que no se cumplieron, sino que el gobierno de Alberto muy confundido ingresó en un «borgeano» laberinto. Las consecuencias de ese error son evidentes, faltan vacunas, el presidente no pudo cumplir con sus optimistas promesas, y la segunda ola de la pandemia hace estragos, ya que nos encontró con menos del 5 % de la población vacunada con las dos dosis correspondientes.

Cafiero no dio detalles sobre el asunto, ni tampoco aclaró el misterio de las vacunas de Pfizer, que secretamente dejaron de negociarse con el laboratorio norteamericano. Al anunciar el entonces ministro de salud, Ginés González García la suspensión de la compra, dijo que Pfizer ponía exigencias inaceptables para vendernos las vacunas, algo inexplicable, cuando a principios de julio del año pasado, el presidente recibió en Olivos al gerente general de Pfizer, Nicolás Vaquer, y al Director Científico de la Fundación Infant, quien adelantó que la Argentina había sido seleccionada para una de las pruebas técnicas de la vacuna contra el COVID-19. Pfizer aparecía entonces como la mejor opción y se mencionaba un preacuerdo para comprar 750 mil dosis para luego ampliarlo hasta llegar a 13,4 millones de vacunas. Esta vacuna resultó la más utilizada y la que mayor prestigio ha recogido en el mundo entero.

La presidenta del Pro, Patricia Bullrich en diálogo con el periodista Luis Majul dijo que lo de Pfizer fracasó por corrupción y acusó a González García, de exigir un intermediario local para cerrar el acuerdo con el laboratorio.[i] El Presidente ya anunció que demandará civilmente a Bullrich por sus declaraciones.

Con pocos vacunados, con faltante de vacunas y con un ritmo muy lento de vacunación, la segunda ola del virus está produciendo tragedias diarias, con unos 35.000 contagios nuevos y medio millar de muertos en cada jornada. Ante este trágico escenario, al gobierno nacional no le ha quedado otro camino que volver a cerrar el país. Ha decretado una suspensión casi total de actividades, con un toque de queda que impide circular desde las 18 hasta las 6 de la mañana por 9 días consecutivos. Pero el ánimo de la gente no está para soportar otra larga cuarentena. En el 2020, con pocos contagios y escasos muertos, los argentinos debimos soportar la cuarentena más larga del planeta. El cierre generalizado de actividades destruyó la economía con una caída del PBI de casi el 10 % en el año, pérdida de empresas y de puestos de trabajo y mayor miseria. Y lo más grave es que no sirvió para contener la pandemia.

La salud mental también está afectada, como lo señala el neurólogo Facundo Manes que escribió en su cuenta en Twitter, “La salud mental también es esencial. Necesitamos urgente una campaña masiva para mitigar el impacto de estas nuevas restricciones”

Con las experiencias en el hemisferio norte sobre la segunda ola del coronavirus y sus mutaciones, el gobierno debió prepararse, pero no lo hizo. La sociedad está consciente de que el manejo de la pandemia ha sido desacertado, un completo fracaso a la luz de las cifras que colocan al país en tercer lugar en casos diarios de COVID después de India y Brasil, y cuarto en muertes, detrás de India, Brasil y Estados Unidos, según datos del sitio especializado “Our World in Data”. Argentina ya se posiciona como el país con más muertes por millón de habitantes.

Por el momento tendremos que encerrarnos, no queda otra opción, será hasta que una gran parte de la población pueda vacunarse con vacunas que llegan por cuentagotas, pero llegarán. Entonces volveremos a respirar aires de libertad y Dios mediante, dejaremos atrás la pandemia.