No caben dudas de que una gira presidencial por Europa, donde Alberto Fernández se entrevistará con los primeros mandatarios de Portugal, España, Francia, Italia y finalmente será recibido por el Papa, es un hecho auspicioso, especialmente para un país que día a día se aísla más del mundo.
Pero el presidente argentino no pasa por un buen momento, posiblemente sea uno de los de mayor debilidad de su gobierno. El lamentable episodio del subsecretario Basualdo y declaraciones de su Vice, que en realidad es su jefa política, Cristina de Kirchner, justamente en vísperas de su viaje, lo han descolocado y también han devaluado a su Ministro de Economía, Martín Guzman que lo acompaña en este periplo. El principal objetivo del viaje, es lograr apoyo de los líderes europeos para la negociación con el FMI y con el llamado Club de París.
Recordemos que el Club de París es un organismo especial conformado por varios países, que sirve para negociar las deudas acumuladas por países muy pobres y/o marginales. La deuda argentina con el Club de París fue negociada en 2014, por el entonces ministro Axel Kicilloff, tras haber caído en cesación de pagos a finales de 2001. La deuda que era de U$S 1.879 millones en ese año, se multiplicó rápidamente por los intereses y la revaluación de las monedas internacionales. La negociación de Kicilloff no logró reducirla, el exministro, hoy gobernador aceptó todas las condiciones que le impusieron y hoy la deuda, al 30 de abril último, es de 9.700 millones de dólares.
En el encuentro con el presidente francés Emanuel Macron, quedó claro que arreglar con el Club de París, exige que antes Argentina llegue a un acuerdo con el FMI. Un tema que Guzmán viene intentando, no obstante, los palos que Cristina pone en su camino.
Alberto después de Francia, viajó a Italia, donde se entrevistó con el Papa Francisco con el mismo motivo de solicitar su apoyo en las negociaciones financieras. El Papa viene abogando por mejorar la situación de los países endeudados.
La reunión de toda la delegación con el Santo Padre duró apenas 25 minutos, y a solas Fernández pudo dialogar con él, sólo cinco minutos. La duración de la entrevista y el rostro adusto del Papa, son claros signo del enojo con un presidente que hizo del aborto un triunfo político y dejó mal parado a Francisco en un tema tan caro para la iglesia y para colmo en su propia patria natal. Hasta este momento no se brindaron mayores informaciones sobre lo conversado.
Alberto resolvió extender su gira un día más, para encontrarse con Kristalina Georgieva, la directora del FMI. La funcionaria manifestó que el organismo se mantiene “comprometido de manera muy constructiva con el país (Argentina)”. Y explicó, que se realizará una revisión de las tasas de interés para los países emergentes, entre ellos, Argentina.
Pero Alberto está atrapado entre dos fuegos, por un lado el Fondo, y por el otro las exigencias de Cristina respaldada por el Senado, que intenta condicionar toda la negociación. Tal las cosas, será muy difícil que se acuerde con el Organismo antes de las elecciones de noviembre.