Mientras en el país se registran gran número de contagios y récords de muertes diarias por el Coronavirus; cuando la economía no arranca y la pobreza alcanza niveles nunca antes conocidos, en Tucumán, asistimos a una dura interna dentro del partido gobernante. Las dos cabezas políticas, el Gobernador Juan Manzur y el Vice, Osvaldo Jaldo, no se reúnen ni coordinan acciones en beneficio de un mejor gobierno. Ambos funcionarios se han trenzado en un conflicto que no se ve por el momento salida alguna. Y las elecciones para gobernador recién se realizarán en 2023, con la salvedad que Manzur, al concluir su segundo mandato no podrá ser candidato, se lo impide la constitución provincial.
La convocatoria a la Legislatura del Ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, para una interpelación, implica para los manzuristas un acto de especulación política. Es un error, todos los funcionarios pueden ser convocados por la Legislatura para rendir cuenta de sus acciones, y nadie debe ver en ello, una acción incorrecta. Un ministro siempre debe estar dispuesto a explicar su accionar ante el poder del Estado que actúa como control.
Pero he aquí que el Ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, en su visita a Tucumán, se metió de lleno en la interna. En la idea de prestar apoyo a su par tucumano, señaló “hay que decirles a aquellos legisladores de origen peronista que no se confundan. ¿Qué tiene que ver el peronismo con votar conjuntamente con el PRO, el radicalismo o el bussismo? No podemos interponer situaciones de mezquindad y especulación política frente a una situación de enorme complejidad y de enorme compromiso de la Provincia”. Además, pidió al cuerpo legislativo que acompañe los esfuerzos y las tareas realizadas por el Gobierno, los docentes, auxiliares y alumnos para sostener la presencialidad en las aulas “en vez de obstaculizar y generar confusión”.[i]
Cuando dos elefantes se pelean, el que más sufre es el césped donde se produce la pelea.
Manzur y Jaldo tienen que superar sus desavenencias y unir esfuerzos en beneficio de una provincia, que registra muy malos parámetros sociales, donde la pobreza llega a un 43,5 %, la violencia criminal se muestra imparable, la justicia muestra enormes fallas y el Estado derrocha arbitrariamente sus recursos. En este escenario es fácil advertir el malhumor social que afecta a los tucumanos.