El entredicho entre Lacalle Pou y Alberto

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El reciente desencuentro verbal (utilicemos esta expresión) en la última cumbre del Mercosur, cuando se celebraban los 30 años de existencia de la Unión Aduanera, entre nuestro presidente Alberto Fernández y el Primer Mandatario de Uruguay Luis Lacalle Pou, está exhibiendo las diferencias que se están gestando dentro del bloque.

En el encuentro que se realizó de manera virtual, el presidente uruguayo tomó la palabra afirmando:  «Tenemos que avanzar en las negociaciones con otros bloques. Nosotros no estamos conformes. El Mercosur pesa, pero no debe ser un lastre, nosotros no estamos dispuestos a que sea un corsé en el que nuestro país no se puede mover. Vamos a proponer formalmente que se discuta el tema de la flexibilización».

Con un tono de voz poco diplomático, Fernández le respondió en su discurso «No queremos ser lastre de nadie. Si somos un lastre que tomen otro barco. Si nos hemos convertido en una carga, lo lamento. No queríamos ser una carga para nadie. Terminemos con esas ideas que ayudan tan poco a la unidad», agregó.

El tema es muy concreto, implica debatir sobre el Arancel Externo Común (AEC), la «barrera» arancelaria común, que todos los países del bloque adoptan ante mercados extranjeros y que, según las palabras introductorias del presidente argentino, «está en revisión». No es nueva la discusión sobre el arancel externo, pero ha cobrado nuevo impulso en los últimos meses y será el tema central del próximo encuentro de cancilleres.

Los fundadores del Mercosur, treinta años atrás, tuvieron como objetivo para sus países, una mejor integración con el mundo y un mayor protagonismo en la economía global, objetivos que están lejos de lograrse.  Las economías de los dos socios mayores, Argentina y Brasil se mantienen muy cerradas, y si bien actualmente son más abiertas que hace dos décadas, su mayor integración en la economía global se debe básicamente al aumento de sus exportaciones de materias primas a China, no a una diversificación de su estructura exportadora. Según el Mapa de Complejidad de la Universidad de Harvard, Argentina en los últimos 15 años, apenas ha sido capaz de añadir a su estructura exportadora doce nuevos productos, Brasil solo nueve. Esta apertura ha tenido una contribución marginal al aumento del bienestar de la gente.

Otros países latinoamericanos que no pertenecen al bloque, les fue muy bien firmando acuerdos de libre comercio y rebajando aranceles; sus economías crecieron y son más competitivas.  Argentina y Brasil han mantenido un arancel promedio externo sin cambios desde los años noventa en torno al 15%.

Durante el gobierno de Macri se avanzó en el acuerdo de Mercosur con la Unión Europea, que lleva ya, más de 40 rondas de negociaciones y 20 años de diplomacia comercial. Debe ser uno de los tratados comerciales más anhelados, más discutidos y que más decepciones ha generado a sus negociadores, en la historia.

Estamos convencidos de que el proyecto de acuerdo no será abandonado por la enorme importancia que reviste, sería fabuloso integrar en un área de libre comercio a más de 760 millones de ciudadanos, lo que afectaría a un 25% del PIB mundial. El acuerdo, además, facilitaría el acceso de las empresas del bloque a lo que hoy ya constituye su segundo mayor mercado de exportación y el origen de casi 400 mil millones de euros de inversión directa, lo que la sitúa como el primer inversor de la región.

Pero indudablemente, no parece fácil que se pueda firmar de manera inmediata. La ausencia de sintonía entre Alberto Fernández con Jair Bolsonaro y Lacalle Pou, es un impedimento serio, y el gobierno kirchnerista no se ha mostrado dispuesto a acelerar las negociaciones. Un gobierno con un mandato de solo cuatro años no debería intentar torcer el brazo de la historia.

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