Al exponer en un seminario organizado por el Banco Central de la República Argentina, su titular, Miguel Ángel Pesce, afirmó que “tenemos un problema de abundancia no de escasez”, al referirse a la cantidad de dólares que tienen atesorado los privados y que no están disponibles porque huyen del sistema financiero. Estimó que, dentro del territorio nacional, hay una existencia de unos 130.000 millones de dólares en billetes, atesorados en cajas de seguridad, en colchones, rincones y/o pozos en el fondo de la casa.
Y si a este fabuloso monto, le sumamos lo que los argentinos tienen depositados en cuentas en el exterior, seguramente se estaría cerca de los 300.000 millones.
Pero a este gobierno pareciera no interesarle el asunto, porque continúa avanzando en contra de las libertades económicas, aumentando el intervencionismo y la carga tributaria. De esta manera cada día se hace más difícil que estos capitales se incorporen a la economía de producción, que Argentina tanto necesita.
El monto que reconoce el presidente del Banco Central está basado en estimaciones privadas, en una investigación del Gobierno de los Estados Unidos y en datos cambiarios locales.
La enorme dolarización de la Argentina es ya histórica, pero potenciada por las crisis financieras y controles de cambio que afectaron el país entre 2012 y 2015 y en 2018 y 2019. Bien sabemos que la demanda de pesos de las personas y empresas es de mínimos indispensables para las transacciones diarias y que es un caso único en el planeta de desconfianza en la propia moneda.
Sucesivos gobiernos destruyeron nuestro signo monetario, el que, a lo largo de la historia perdió 13 ceros, cambiando de denominación reiteradas veces. Al peso actual, de moneda, solo le queda la condición de ser medio de cambio, para el mismo día de la transacción, porque al día siguiente este valor ya no sirve en un escenario de alta inflación. Ni hablar de depósito de valor, a nadie se le ocurriría atesorar pesos. Y tampoco sirve para fijar valores a futuro, como en un contrato.
La actual base monetaria es de unos 30.000 millones de dólares. Lo que equivale a señalar que los billetes dólares que atesoran los argentinos en el colchón, (valga la expresión) suman más de cuatro veces el total de pesos que circulan en la economía.
Sería más que importante, fenomenal, que estos ahorros se volcaran al aparato productivo, muy escaso de dólares y de fuentes de financiamiento, pero en un escenario de pavoroso estatismo, con una carga tributaria récord tanto en la Nación, como en las provincias y municipios, con vigente cepo cambiario, con una inflación de un 4 % mensual acumulativo, con impuestos duplicados como el de la riqueza que se suma al de bienes personales, con una ley de alquileres intervencionista, con atraso del dólar oficial, con prohibición de despedir empleados, con mil empresas monitoreadas y en un contexto de pandemia, con escasez de vacunas, nadie se desprende de sus dólares.